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Lucha por conservar la arquitectura y el señorío

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PONCE – El sol golpeaba con fuerza la Ciudad. Era la mañana de un sábado. El calor iniciaba cuando medio centenar de personas salía en grupos desde el edificio Forteza, hoy la Escuela de Arquitectura Rafael Hernández Colón, a la aventura de ‘Ponce abre sus Puertas: Estructuras Rescatadas’.

La gente se fue dispersando para conocer 10 estructuras rescatadas o en proceso de devolver el lustre al centro urbano ponceño. Más allá de cambiar una fachada buscan que la estructura vuelva a tener vida, algunas como vivienda otras como locales comerciales u oficinas.

“Ponce tiene una arquitectura que se merece ser preservada”, expresó Magda Bardina García, una de las arquitectas que más conoce de las antiguas estructuras de Ponce, construidas a principios del pasado siglo. También fue una de las que trabajo en la inolvidable reconstrucción de la ciudad que significó el llamado Ponce en Marcha.

La primera parada de uno de los grupos fue a un extremo de la plaza de recreo Luis Muñoz Rivera donde ubica el ‘Ponce Plaza Hotel and Casino’. Un edificio amarillo con un balcón de extremo a extremo del segundo piso. Desde la plaza no se ven sus ventanas. Solo se aprecian sus ocho enormes puertas en madera que invitan a entrar.

En 1882, el ahora, hotel, fue conocido como la ‘Casa Saurí’. Años más tarde fue el Liceo Ponceño, una casa de juguetes, agencia de viajes y no fue hasta el 2007 que la familia Muñoz la adquirió y remodeló convirtiéndola en hotel. Los terremotos del 2020 causaron graves daños a las paredes de ladrillo de la estructura, por lo que requirió reparaciones.
Al salir del Ponce Plaza Hotel and Casino nos esperaba la calle Méndez Vigo, donde el contador público autorizado, José Raúl Rovira Anadón, reconstruyó una antigua estructura para convertirla en su oficina. La estructura es de mampostería.

Con los terremotos la estructura tuvo daños significativos y para poder restaurarla usaron contrafuertes. Las paredes de ladrillos las reforzaron para darle resistencia sísmica. “Todas las propiedades que miraban Este a Oeste, su daño fue mínimo, pero las que están Norte (frente) Sur (espalda), cayeron”, describió el CPA.

Explicó que en las inspecciones de los daños por los terremotos detectaron que las estructuras cuyas fachadas quedaban mirando al Norte fueron las que más se afectaron. “Nos dimos cuenta de que los movimientos tectónicos causaron eso”, indicó.

Con los terremotos la estructura tuvo desprendimiento de las molduras de los arcos, daños en las losetas, en el proceso de restauración descubrieron descomposición de las cerchas (armadura que sostiene la cubierta de un edificio) que tuvieron que arreglar, eso se debió a la filtración de agua y humedad.

Las paredes se abrieron y agrietaron, se despegaron y hubo que ponerle refuerzo y cables tensores para reforzarla. En el proceso de restauración trabajaron con materiales contemporáneos.

La estructura tiene 113 años de construida. Y sí, detrás de las altas puertas de madera y vitral está la evidencia de que los tiempos han cambiado: aparecen las rejas que aumentan la seguridad del lugar.

La fachada de la oficina del CPA tiene tres puertas. No hay ventanas. Hay vitrales en la parte superior de cada puerta. Tiene un amplio balcón y una escalera lateral. El color es terracota que se combina con el blanco y el marrón de las puertas.

Las divisiones de su interior son cristales. Techo alto. El modernismo de la oficina está en la decoración y las computadoras sobre un escritorio. Esta oficina de servicios de contabilidad, la que adquirió en el 2003, genera cinco empleos directos.

La reconstrucción, según Rovira Anadón, “ha sido un poquito costoso, tedioso, pero gratificante”. Mientras, la arquitecta que explicaba los trabajos para rehabilitar esa estructura dijo que restaurar una casa o edificio histórico no tiene que ser con materiales 100% original porque hay que adaptarse a los códigos de construcción actuales.

“Con los que le hicimos, debe durar 100 años más”, soltó Rovira Anadón.

La caminata prosiguió a la calle Reina. Una calle a la que debieron invertirle el nombre, a juzgar por la dirección del tránsito, esto porque toda la vía, de un extremo a otro, en algún momento sería bautizada como la calle Reina Isabel.

En ese caminar, la imponente casa Wiechers Villaronga no pasó desapercibida. “La van a rehabilitar”, comentó alguien del grupo de personas que realizaba el recorrido. La estructura, diseñada por Wiechers en 1911 y que había sido convertida en Museo, llama la atención por sus elaborados detalles neoclásicos y su cenador en la azotea de la estructura, la cual ocupa una esquina. La casa está pintada de rosa.

Nos detuvimos frente a la ‘Casa Frau Subirá’. Unos muros bloqueaban el paso por la acera y también servían para alertar a los transeúntes sobre la fragilidad de algunas estructuras. Varias de ellas con apuntalamiento para que los dueños puedan ganar tiempo en comenzar su reconstrucción. La casa Frau Subirá es una de ellas.

La casa Frau Subirá, al igual que muchas de la Calle Reina sufrieron severos daños con los terremotos. Es una de las estructuras cuyo balcón mira al Norte.

Desde la otra acera, escuchamos a Jaime Yordan Frau relata que, antes de los terremotos, realizaron un estimado para la remodelación de la ‘Casa Frau Subirá’ y el mismo rondaba los $350,000. Sin embargo, tras los terremotos y con todos los daños que recibió la estructura el estimado para la rehabilitación ronda los $1.3 millones. ¿Los vale?

Yordán Frau, presidente de la Junta de Directores del Patronato del Castillo Serrallés y la Fundación para la Conservación Adaptativa, dijo que la reconstrucción es más costosa que el valor que tendría la estructura cuando finalicen los trabajos, pero que la conservación de esa arquitectura tiene un valor incalculable para la Ciudad.
Se cree que la propiedad, al ser tan icónica, merece ser protegida y restaurada para las generaciones futuras”, dijo al defender las gestiones para que sea reconstruida.

“Esta casa por dentro está fracturada, pero todavía está entera. Están todos los marcos, los vitrales y están todas las ventanas. Es restaurable”, afirmó.

“La familia ha decidió toma las riendas de la restauración de la casa, así que, con los dedos cruzados, esperam,os que puedan estar los primeros inicios pronto”, dijo.

¿Para eso (restauración) hay fecha? “Para eso no hay fecha. Dios mediante se espera que para el próximo año comiencen unos trabajos, pero no me han dicho fecha, así que no le sabría decir”, respondió. La intención es repararla.

¿Ha sido un reto rehabilitar la casa? se le preguntó. “Enorme”, afirmó. “Por un sinnúmero de cosas”, mencionó. Explicó que desde problemas de declaratoria de herederos no realizadas correctamente, la titularidad, hasta el costo de rehabilitarla, entre muchos contratiempos.

A pocos pasos de la ‘Casa Frau Subirá’ hay otras dos estructuras, también en la Calle Reina, cuyos balcones se mantienen en pie con apuntalamientos -barras en metal del piso al techo- que colocó el ingeniero Sampoll.

También en la Calle Reina está la antigua ‘Residencia Margarita Bestard’, rehabilitada tras los terremotos y convertida en residencia. Las diseñó el arquitecto Eduardo Salichs, el mismo que diseño el deteriorado Centro Español. Son dos estructuras gemelas en mampostería construida en el 1910. Unas de ellas, la #118, fue el regalo de boda que le hizo el papá a su hija Margarita Bestard. La estructura ha sido rehabilitada.

A una cuadra está la plaza pública de Ponce. En uno de sus extremos el Paseo Atocha, una vía muy comercial en la década de 1970 y 1980, pero con el pasar del tiempo fue perdiendo vida. La mayoría de sus edificios están en el abandono, pero una de sus esquinas, donde hace unas décadas estuvo la tienda de ropa masculina El Capricho, refleja esplendor.

La estructura fue remodelada y convertida en el Serrallés ICON. Como un Quijote se mantiene erguida entre ladrillos y mampostería. Su interior luce detalles de modernismo y renovación.

Serrallés ICON está a la entrada sur de lo que se conoce como el Paseo Atocha, lo que antes fue una calle que cerraban al tránsito vehicular por la inmensa cantidad de público que la frecuentaba en determinadas ocasiones, Ahora, el Paseo Atocha apenas lo caminan.

Llegó el mediodía y unas lloviznas salpicaron el centro urbano de la Ciudad. Mientras, en la antigua ‘Residencia Blasini’ varios hombres trabajaban en las obras de remodelación. Allí, lo que no se llevó el huracán María lo tumbaron los terremotos.

Entre edificios abandonados, negocios y una que otra oficina, llegamos a la ‘Residencia Blasini’, justo frente al icónico Teatro La Perla y la antigua Biblioteca Pública, dos edificios que en el 2017 batallaron con el Huracán María y años después con los terremotos. Hace unos días, el Teatro La Perla comenzó una tercera batalla, esta vez contra el comején para el que recién recibió un tratamiento.

De aquel deterioro de la ‘Residencia Blasini’ ya casi no queda nada. El daño de la residencia había llegado a tal nivel que un árbol nació entre los cimientos de la casa y creció por entre ladrillos, por eso algunos la llamaban ‘La Casa del Árbol’.

La familia Irizarry Delgado no miró el deterioro y decidió comprarla, rehabilitarla y convertirla en el hogar de su hija, la arquitecta Glorimar Irizarry Delgado.

La Residencia Blasini fue construida en 1917. Sus nuevos dueños la compraron tras los terremotos. Una pared de mampostería tuvieron que derrumbarla. Los trabajos los realizan en fases e iniciaron en el exterior para comenzar a vivirla. Mas adelante irán concentrándose en detalles de su interior, explicó Irizarry Delgado.

¿Qué tan importante ha sido para esta familia reconstruir una estructura con más de 100 años?, se le preguntó. “Para nosotros es super importante. Somos una familia que siempre hemos vivido en el pueblo y nos encanta esa vida, poder caminar al restaurante, a las tiendas, no depender tanto del auto. Y también, rescatar lo que es la historia de este pueblo”, dijo.

¿Fue difícil el proceso de conseguir los permisos, conseguir los materiales? “Toma tiempo”, dijo. “Uno se tiene que preparar. Restaurar estas propiedades toma tiempo”, insistió.

Explicó que todas las paredes son de mampostería con excepción de la que tuvo que ser construida porque un árbol la destruyó. Tuvieron que rescatar las puertas de madera. El piso no es el original porque con los temblores cedió y reconstruyeron el piso en hormigón. También colocaron losas nuevas.

La casa original tenía una terraza que con los años perdió y ahora se proponen volver a construirla, pero con un toque contemporáneo. La estructura conserva sus vitrales.

¿Cuesta mucho reconstruir una casa como esta? “Es costoso, pero vale la pena”, indicó. “Hay que hacerlo en fase”, dijo antes de señalar que no tuvieron problemas con los permisos para la reconstrucción.

¿Vale la pena (la restauración)? “Vale la pena. Claro que sí”, afirmó.

El recorrido terminó en el edificio donde hoy se encuentra la Bodega de Méndez, no sin antes visitar la antigua Plaza del Mercado de Ponce.

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