Por Ismael San Miguel Quiñones
Profesor de Comercio Internacional
UPR – Ponce
La intervención norteamericana en Venezuela, más allá de cambiar un régimen detestable y acceder sus recursos petroleros (no hay que dudarlo), pretende negarle espacios a China, Rusia e Irán para plantar sus banderas en América, imponer sus ideologías y minar a Estados Unidos en todos los frentes posibles. Representa pues, la extensión de la Guerra Fría en nuestro lado del mundo.
La llamada Guerra Fría, ese gran conflicto librado entre Estados Unidos y la extinta Unión Soviética, se ha transformado en un frente multipolar. Fue llamada “guerra fría” porque nunca evolucionó en un conflicto militar directo entre ambas superpotencias. Fue en esta carrera que los Estados Unidos, buscando cimentar su hegemonía mundial, auspiciaron tanto democracias como dictaduras en Latinoamérica y el resto del mundo. Pero luego del desplome soviético los norteamericanos se olvidaron de nuestro hemisferio. Prefirieron enfocarse en desarrollar su competitividad en los mercados globales.
De vuelta al presente, China ha emergido como la nación que busca posicionarse como la superpotencia indiscutible. Y para hacerlo no ha dudado en aliarse con opositores acérrimos de EE.UU. como Rusia, Irán y Corea del Norte. Así las cosas, la Guerra Fría, ahora dividida en tres polos (EE. UU.-China-Rusia) se libra también en Latinoamérica.
Los chinos han utilizado todo su poderío económico y político para adelantar sus intereses en América. No olvidemos que la primera gestión de la presente administración Trump fue evitar el control chino del Canal de Panamá. Esta nueva dinámica china-rusa se manifiesta en estrategias geopolíticas de “suma cero” que pretenden desestabilizar adversarios e imponer un nuevo orden mundial.
Nadie debería dudar que los tentáculos chino-rusos amenazan con minar todas las instituciones de nuestro continente, sean estas gubernamentales, políticas, cívicas o religiosas.
El ejemplo de Venezuela es evidente, los chinos acapararon sus recursos petroleros. Rusia e Irán les vendieron armas y Cuba los entrenó para mantener el régimen dictatorial. Maduro cometió un error monumental al convertir a Venezuela en un frente ideológico antioccidental, provocando la reactivación de la doctrina Monroe.
Existe, además, todo un aparato de propaganda montado a base de desinformación y ciberataques buscando socavar un orden mundial dominado por ideales democráticos.
El último “reel” que usted vio en las redes sociales, bien pudiera ser parte de esta renovada Guerra Fría. La desinformación y el fanatismo siempre han sido armas poderosas. El nuevo campo de batalla es cibernético y está potenciado con inteligencia artificial (IA).
En la arena política, los latinoamericanos están cambiado de rumbo. Como lo demuestra la reciente elección en Chile, están girando nuevamente hacia una derecha fundamentada en las libertades civiles.
El nombramiento en EE.UU. del primer secretario de estado hispano, Marco Rubio, ha devuelto a Latinoamérica al tope de las prioridades norteamericanas. La administración Trump ya ha demostrado que no permanecerá impasible ante los eventos geopolíticos de nuestro hemisferio.
Serán las tres superpotencias (EE.UU.-China-Rusia) las responsables de que este conflicto se mantenga “frío” y no evolucione en una guerra global. En Puerto Rico, debemos permanecer alertas ante cualquier tipo de intromisión foránea que pretenda minar nuestras estructuras democráticas. Nos compete ser juiciosos en lo que vemos, leemos y consumimos.























































