Por Marga Parés Arroyo
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En la madrugada, cuando la mayoría de la población descansa, los servicios de emergencia suelen enfrentar un repunte de llamadas asociadas a dolores de pecho, palpitaciones, infartos y otros eventos cardiovasculares que requieren atención médica inmediata.
Esto responde, en parte, a cambios fisiológicos propios del organismo durante ese periodo del día. Y, en una sociedad con menos nacimientos y más muertes, los adultos mayores son el grupo más vulnerable.
Expertos en el tema urgen a fortalecer la educación en salud cardiovascular y las estrategias de prevención, así como garantizar un mayor y más oportuno acceso a servicios médicos que permitan identificar y atender estas condiciones antes que se conviertan en fatalidades.
“Se atienden muchos infartos, síndromes coronarios agudos, generalmente en la madrugada, entre las 3:00 a.m. y 5:00 a.m., usualmente personas mayores”, resaltó Mario Caminero, supervisor de la Zona de Ponce, del Negociado del Cuerpo de Emergencias Médicas.
Dolores de pecho, eventos cerebrovasculares y accidentes pediátricos también son parte del grueso de las llamadas de emergencia, especialmente durante la noche, resaltó.
Un grupo de paramédicos adiestrados bajo el “Advanced Cardiac Life Support”, entre otras guías, responden a estas llamadas, que se canalizan a través del 9-1-1, donde se remite el caso al municipio donde resida la persona en necesidad de asistencia médica, tramitándose muchas veces a nivel de ambulancias privadas, informó Caminero.
“Por eso nosotros no tenemos todos los casos, sino compañías privadas de ambulancias”, sostuvo.
Según informó el doctor Miguel Magraner Suárez, director médico del Hospital Damas, en Ponce, durante la madrugada, entre las 3:00 a.m. y las 6:00 a.m., se elevan una serie de hormonas como parte del ciclo orgánico o reloj biológico que regula la liberación hormonal y la actividad cardiovascular.
“Ese aumento hormonal puede dar arritmias, taquicardias y alta presión, entre otros eventos (cardiovasculares)”, indicó el médico internista.
Para poblaciones vulnerables a estos eventos, recomendó que, si se levantan durante la noche para ir al baño, aprovechen ese momento para medirse la presión arterial. Algunas señales de alerta, dijo, pueden ser tener dolor de cabeza y sentir palpitaciones.
“Un gran por ciento de nuestras visitas a sala de emergencia son por eventos cardiovasculares, como infartos y fallos congestivos”, dijo sobre los pacientes que llegan al Hospital Damas con una emergencia.
El galeno urgió a la población a visitar con más regularidad a sus médicos primarios, desde los 40 años si no lo ha hecho antes, para identificar alguna condición, como hipertensión. Agregó que, en una sociedad con alta prevalencia de diabetes y obesidad, abundan las enfermedades cardíacas.
Además de buena nutrición y ejercicios, Magraner Suárez destacó la importancia del manejo y control de enfermedades crónicas, así como no fumar. Y, aunque informó que el Hospital Damas cuenta con cardiólogos intervencionales, resaltó la urgencia de atraer más especialistas de este tipo al país.
Por el éxodo de profesionales de la salud, en la isla solo hay unos 135 cardiólogos activos, informó el doctor Carlos Díaz Vélez, presidente del Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico. Considerando que la población se estimó en 3,184,835 para julio 2025, según el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, esto representaría aproximadamente un cardiólogo por cada 23,000 habitantes.
Bajos reembolsos y menos talleres de residencias e internados por el cierre de programas públicos de formación médica han provocado que muchos hayan optado por establecer o mudar sus prácticas médicas en Estados Unidos, generalmente en hospitales o grupos médicos, con horarios más cómodos, pagos mayores y sin encargarse de la facturación, dijo Díaz Vélez.
El perfil del cardiólogo ha cambiado, indicó el también cardiólogo. La mayoría son no intervencionistas y laboran solo en sus oficinas, haciendo estudios no invasivos, como ecocardiogramas, electrocardiogramas, stress tests y holters. Del paciente necesitar un procedimiento mayor a nivel hospitalario –como un cateterismo o desfibrilador- el cardiólogo consulta a un colega que haga procedimientos más invasivos, explicó.
Mientras, de los aproximadamente diez cirujanos cardiovasculares que hay en el país, la mayoría está cerca de la edad del retiro, aunque muchos continúan ejerciendo, principalmente porque no se ha podido asegurar un relevo generacional, agregó.
“Todo esto atrasa el tratamiento y cuidado al paciente, que muchas veces viene más tarde porque no consiguió a alguien que atendiera a tiempo sus necesidades (médicas). Muchos, incluso, se tienen que ir a Estados Unidos a atenderse porque la lista de espera acá es larga”, dijo.
Anunció que el Colegio Médico inició una serie de reuniones para abordar posibles acciones para atraer más cardiólogos intervencionistas y cirujanos cardiotorácicos, entre estas, que más hospitales abran más residencias en Cardiología y ampliar los incentivos contributivos a más médicos.
Mientras, en el 2007 se aprobó la Ley para la Instalación de Desfibriladores, requiriendo su utilización en agencias, corporaciones, instrumentalidades públicas, facilidades municipales y lugares donde se ofrezcan servicios al público. Y al año siguiente se aprobó la Ley del Desfibrilador Automático Externo en Establecimientos Privados que atienden al Público.
Un desfibrilador es “un dispositivo portátil utilizado para estimular eléctricamente un corazón que está fibrilando” y ayuda a “que el corazón obtenga su ritmo normal”, expresan estos estatutos.
Desde hace 13 años el senador José Luis Dalmau intenta ampliar la instalación de desfibriladores en todos los establecimientos privados del país. Su última propuesta, el Proyecto del Senado 119, fue presentado en enero 2025 y referido a las Comisiones de Salud y Desarrollo Económico. En junio, sin embargo, bajó un informe negativo que, aunque destacaba que la medida era loable, expresaba la oposición de agencias consultadas por su impacto económico, la carga que representaría para pequeños comerciantes y la falta de una asignación recurrente que garantice su implementación.
“Las enfermedades del corazón son la causa número uno de muerte en Puerto Rico y esto (desfibriladores) salva vidas”, reiteró Dalmau, quien advirtió que el precio de estos aparatos ha bajado y se pueden conseguir en $700 a $1,200, por equipo.
“En lugares donde no hay ambulancias, en minutos, esto salva vidas. Es la diferencia entre la vida y la muerte”, reiteró el expresidente del Senado.






















































