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Hablar de suicidio también es una forma de salvar vidas

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Hay conversaciones que evitamos porque nos incomodan. El suicidio es una de ellas. Preferimos pensar que ocurre lejos, que no nos toca, que en nuestra familia “eso no pasa”. Pero la realidad es otra: puede estar más cerca de lo que queremos admitir.

Hablar de suicidio no es sencillo. Durante generaciones, el tema ha estado rodeado de estigmas, creencias religiosas, miedo y desconocimiento.

Sin embargo, callar no protege a nadie. Por el contrario, puede cerrar la única puerta que una persona necesita para pedir ayuda.
el licenciado Julio Torres, trabajador social clínico del Centro Médico Episcopal San Lucas, planteó una verdad que debería guiarnos: “El suicidio no es algo al azar. Esto conlleva una historia, un trasfondo y afecta a cualquier persona.”

Esa historia puede incluir depresión, ansiedad, una pérdida, violencia, aislamiento, bullying, una enfermedad grave o el impacto emocional de perder capacidades que antes dábamos por sentadas. En otros casos, puede ser la soledad. Particularmente entre los adultos mayores, la distancia de los familiares, la migración y la pérdida de independencia pueden alimentar la sensación de que ya no se es importante para nadie.

Por eso resulta indispensable aprender a mirar más allá de lo evidente. Una persona en riesgo no necesariamente estará llorando o hablando constantemente de su dolor. Puede aislarse, cambiar abruptamente su comportamiento, mostrar una intensa irritabilidad o, incluso, comenzar a poner sus asuntos en orden de manera inusual.

Y existe una señal que jamás debemos minimizar: que la persona lo diga. “Si tu familiar o un conocido te dice ‘tengo pensamiento suicida’… lo mejor que puedes hacer es creerle”, enfatizó Torres.

No corresponde cuestionar, juzgar ni restarle importancia. Corresponde escuchar y buscar ayuda.

También debemos recuperar algo que nuestra vida acelerada parece habernos arrebatado: el tiempo para estar presentes. A veces pensamos que acompañar requiere una solución extraordinaria.

No siempre es así. Una conversación, compartir una comida, ver una película o dedicar unos minutos de atención genuina puede abrir un espacio que alguien necesitaba desesperadamente.

Cuando existe una crisis o un riesgo inmediato, la respuesta debe ser igualmente inmediata. El 988 ofrece apoyo para situaciones de crisis de salud mental y puede orientar hacia los recursos disponibles. También se debe acudir a una sala de emergencia cuando sea necesario.

Septiembre nos recuerda que debemos hablar del suicidio. Pero esta conversación no puede terminar cuando cambie el calendario.

Debemos preguntar. Debemos escuchar. Debemos atrevernos a entrar en conversaciones difíciles. Porque, como dijo Torres, “toda vida es valiosa”. Y cuando se trata de una vida, no hay cifra pequeña, señal insignificante ni conversación que pueda esperar.

Para información sobre el Centro de Salud Conductual San Lucas y los servicios que ofrece, accede a sanlucaspr.org, llama al 787-625-1430 o síguelos en sus páginas de Facebook, Instagram y YouTube.

Por Centro de Salud Conductual San Lucas

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