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Abolición incompleta, esclavitud moderna

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Por Marga Parés Arroyo
redaccion@esnoticiapr.com

 

PONCE – El municipio de Ponce fue un centro azucarero clave, con la Hacienda Teresa y Central Mercedita entre sus lugares más importantes de producción para el siglo 19.

Los primeros campos de caña -para los 1500- fueron extendiéndose desde San Juan al sur, su epicentro. Siendo la mayoría de los ingenios operados por esclavos, la Revolución de Haití fortaleció la lucha local y desató rebeliones hasta la promulgación española de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, el 22 de marzo de 1873.

En el Barrio Cuarto, en Ponce, desde 1956 un espacio recuerda esta fecha: la estatua de un hombre negro mostrando las cadenas rotas de la esclavitud. Pero, 153 años después de la Abolición, imperan distintas formas de esclavitud que motivan a muchos a recordar que la lucha por la dignidad humana continúa.

Base histórica
“La esclavitud es una institución (histórica, jurídica y social), no raza, color o época”, apuntó el doctor Iván Torres Hoyos, catedrático del Departamento de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.

Desde 1868, dijo, se fortalecieron los movimientos abolicionistas en la isla, siendo Ramón Emeterio Betances, Francisco Mariano Quiñones y José Julián Acosta sus precursores y quienes llevaron ante las cortes españolas el reclamo de emancipación.

“Los boricuas, con la Junta de Abolicionista, fueron a Madrid a solicitar la abolición”, indicó.

Los esclavos, recordó, representaban mano de obra. A nivel laboral, se compraba o adquiría ese estado por nacimiento. Tras la abolición, comentó, hubo una indemnización o compensación económica pagada por el gobierno español a los antiguos dueños de esclavos, no a los esclavizados.

La historia, sostuvo, ha reconocido que la mano de obra esclava generó una labor importante en el desarrollo económico del país, pero de forma esclavizada.

“La abolición es, más que un sentido de liberación, un marco conceptual, ético y moral que empuja al agradecimiento de los que fueron liberados”, dijo al agregar que es un concepto que ha ido evolucionado y hoy día no tiene color, pero sí varias modalidades, como la llamada trata de personas.

“Todo esto tiene el efecto de concientizar que la esclavitud es nefasta”, deploró al resaltar que la Organización de las Naciones Unidas aboga por los derechos humanos y la prohibición de la esclavitud, en sus distintas manifestaciones.

Entre sus diversas modalidades, destacó la trata de menores para la venta de órganos que, según comentó, abunda en América Latina. Además, mencionó el trabajo forzado.

Retos actuales

“Todavía hay formas de explotación de seres humanos que pueden ser parecidas o derivadas de los procesos esclavistas del siglo 19 y previo. Muchas personas y pueblos bajo ese tipo de dominio y explotación”, lamentó la doctora Palmira Ríos González, expresidenta de la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico.

Por eso, advirtió, hay un llamado internacional a estar alertas.

“Hay un reclamo más fuerte, internacional, que se reconozca la esclavitud, no como algo histórico y del pasado, sino como un grave crimen de la sociedad, con consecuencias. Muchos países quieren olvidar su responsabilidad y participación en estos procesos, pero muchos siguen siendo beneficiarios de esa desigualdad, se enriquecieron con su trabajo y todavía disfrutan esos beneficios. Pero los descendientes continúan sufriendo pobreza y desigualdad”, deploró la exdirectora de la Escuela Graduada de Salud Pública de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

Advirtió que la esclavitud de mano de obra duró más en Puerto Rico que en Estados Unidos y otros países. Recordó que su abolición condujo a una transición de la esclavitud a trabajo forzado, que se ha perpetuado mundialmente.

“Cada vez es más fuerte el reclamo de la justicia reparativa, que se reconozca el daño a poblaciones y a sus descendientes, que se les pague reparaciones”, indicó.

La investigadora urgió a reflexionar cómo persiste y se manifiesta en Puerto Rico la discriminación racial, aunque se trata de esconder. Más allá de la bomba y plena, sostuvo, hay estadísticas que reflejan cómo se encubren y ocultan desigualdades de raza.

Un informe de la organización Kilómetro 0, dijo, presentó cómo la violencia policíaca es desproporcionadamente mayor contra personas negras de Puerto Rico.

“Cuando miembros de la Comisión de Derechos Civiles visitábamos mucho las cárceles, uno podía verlo. Pero las estadísticas no lo recogen. Igualmente, la desproporción en personas sin hogar, sobre todo en jóvenes negros. En desigualdades sociales, económicas y políticas en Puerto Rico encontramos esas diferencias, pero no se hace mucho más”, dijo.

Por eso, exhortó a hacer una reflexión de país ante los retos actuales del régimen esclavista, cuyos daños persisten mediante desigualdades en la educación, empleo, violencia policiaca y acceso a la justicia.

“Es momento de tomar acción”, reiteró.

Más allá de la piel

Para Bárbara Abadía Rexach, profesora asociada en San Francisco State University, el 22 de marzo marca una fecha para cuestionar la esclavitud como un proceso concertado de discriminación, prejuicio y violencia contra los cuerpos negros. Aunque coincidió en que la esclavitud moderna continúa, reconoció algunos avances, como la Cumbre Internacional de Afrodescendencia que recientemente se celebró en la UPR.

No obstante, señaló que la aprobación de la Ley 24 (2021) que declara cada 21 de marzo como el “Día Nacional para la Erradicación del Racismo y Afirmación de la Afrodescendencia” y la Ley 106 del 2024 (“Ley Contra el Discrimen por Razón de Estilos de Cabello”) evidencian que el discrimen y racismo persisten.

La antropóloga lamentó que políticas federales perpetúen el discrimen policiaco, como reveló Kilómetro 0. También mencionó la incertidumbre de vivienda en residenciales públicos y las dificultades de muchas mujeres negras en accesar servicios de salud.
Pero insistió en los logros, como la Corporación Piñones se Integra, el Colectivo Ilé y la Colectiva Feminista en Construcción, entre otros.

“Es importante pensar en lo que se ha hecho, pero preguntarnos por qué todavía se está haciendo. Mientras no se reconozca la existencia del racismo anti negro y no haya un proyecto de país para solucionarlo, queda en las organizaciones de base y comunitarias ese trabajo, que es difícil”, dijo.

Entre las distintas formas de discriminación, mencionó varios ejemplos, como las consecuencias de la militarización y la falta de una sala de partos en Vieques. También, el propuesto proyecto Esencia, en Cabo Rojo -por la controversia ambiental que ha generado-; la lucha contra las cenizas de carbón en Peñuelas, producto de varios vertederos privados; el empobrecimiento y desplazamiento en Loíza y la militarización en Arroyo.

“El discrimen no es solo para puertorriqueños negros, sino para todo Puerto Rico”, dijo.

Trata humana

La esclavitud es una codificación del ser humano, la diferenciación de cómo los seres humanos se miran entre sí, desde el privilegio del poder y la subyugación. Con esta explicación la profesora Karla González, directora ejecutiva de la Alianza de Puerto Rico contra la Trata Humana, planteó cómo su evolución vulnerabilizó a las mujeres a ser víctimas de secuestros y ser utilizadas como concubinas y empleadas domésticas, lo que llamaron inicialmente trata blanca. Además de mencionar el contrabando clandestino de animales, medicamentos y armas, destacó que la trata actual incluye a varones explotados mayormente en la prostitución y el mercado laboral.

“En el 2000 se reunieron organismos internacionales y crearon un nuevo protocolo más inclusivo a la trata, ya no blanca, sino de personas. Eso permite una visión más amplia de cómo se está manifestando esta nueva esclavitud”, dijo.

Este esfuerzo, dijo, generó el Protocolo de Palermo, tratado internacional adoptado por la ONU con el fin de combatir la trata de personas. También mencionó la evolución de la migración clandestina y señaló hay países de destino, tránsito y reclutamiento, siendo Puerto Rico uno de ellos. Aquí, sostuvo, no se reconoció a la trata humana como actividad delictiva hasta su incorporación en el Código Penal del 2012.

“Falta mucho por hacer, como remirar la redefinición de la trata para que sea más cónsona con lo que se está viendo en Puerto Rico”, planteó.

Según explicó, la trata de personas consiste en reclutar, trasladar o controlar a una persona -adulta o menor- mediante fraude, engaño, fuerza o coerción, con el fin de explotarla sexual o laboralmente. Media un beneficio económico o material, que convierte a la víctima en objeto de intercambio. En menores, cualquier acto sexual mediado por dinero, bienes o favores constituye trata, agregó.

El año pasado y este, dijo, han aumentado los arrestos relacionados, pero lamentó el que los casos no siempre se reportan o identifican por falta de reconocimiento y visibilidad. Desde su tipificación como delito en el 2012, sostuvo, en Puerto Rico ha habido menos de 50 arrestos relacionados.

“Hay mucho trabajo, pero hemos adelantado porque el reconocimiento como delito es gran avance”, dijo, aunque advirtió hay más casos de lo que se ve en tribunales y reportan estadísticas.

Además de responsabilidad ciudadana, González urgió a más conciencia social y evitar seguir victimizando a la víctima.

“Mientras los cuerpos de las personas tengan un precio y un mercado, la libertad será condicionada para el que la pueda pagar. Y los cuerpos no tienen precio, sin embargo, ese es uno de los principios medulares de la perspectiva de los derechos humanos”, concluyó.