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Luigi Texidor: De los ingenios de la caña a las tarimas con la salsa gorda

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Por Nydia Bauzá
redaccion@esnoticiapr.com

 

JUANA DÍAZ – Luigi Texidor ha luchado toda su vida contra el racismo y la pobreza, dos flagelos sociales que marcaron su crianza y siguen presentes en el repertorio musical del sonero de 91 años, natural de Santa Isabel, Puerto Rico.

Con su peculiar estilo, matizado por expresiones jocosas, El Negrito del Sabor, sigue repartiendo salsa por el mundo con icónicas canciones -algunas de su puño y letra- que destacan los orígenes humildes, de los cuales nunca se ha apartado.

El público no lo deja ir de una tarima sin cantar “Nací Moreno”, número que lo inmortalizó y que el bongosero ponceño Francisco “Chalina” Alvarado escribió para el salsero santaisabelino en la década de 1970.

“Me gustó mucho ese número porque es como si yo me estuviera describiendo y pegó tanto que cuando viajo por el mundo siempre me lo piden. Voy a Suiza y me piden Nací Moreno”, dice Luigi Texidor en una entrevista con Es Noticia, en la que reflexionó sobre su herencia africana, el discrimen racial y la aportación de cantantes y músicos afrodescendientes a la cultura y el folclor puertorriqueño.

“La aportación de la raza negra a la cultura puertorriqueña ha sido bien grande, pero todavía hay personas que no aceptan esas cosas. Todavía el racismo hace mucho daño en Puerto Rico. La aportación de nosotros es reconocida dondequiera, especialmente, en otros países. Me da pena decirlo, pero hay países donde me reciben de forma grandiosa… Yo lloro”, expresa el legendario exponente de la salsa, autor de unas 35 composiciones, entre ellas “La Pobreza y yo”, “Quién Trabajará”, “Mi testamento”, y “Tan bueno que era”.

En su tiempo como vocalista en la Sonora Ponceña popularizó Bomba Carambomba, una oda a la bomba puertorriqueña que destaca la cadencia del género de raíces africanas creado por esclavos en las plantaciones de la caña, una imagen recurrente en las memorias de Luigi Texidor.

Su vida en la Colonia

“Donde yo nací era casi todo caña. Venía mucha gente de otros pueblos y ciudades a trabajar en los cañaverales a Santa Isabel. Muchos de ellos se quedaron, se casaron y formaron sus familias acá. Era la época de las centrales azucareras y se utilizaba el tren para mover la caña en vagones. De Santa Isabel se enviaba la caña a la Central Aguirre”, rememora un atardecer desde el Paseo Costero del Sur, del barrio Pastillo, en Juana Díaz, pueblo donde reside hace más de 50 años.

Luis Guillermo Texidor Ortiz vino al mundo por comadrona el 20 de enero de 1935. Nació y se crió en la Colonia Florida, uno de los asentamientos de familias de esclavos y de obreros de la caña que laboraban en los ingenios azucareros de las costas del sur de Puerto Rico, en los siglos 19 y 20.

“Aquella fue una época de gran pobreza. Yo no podía tener las tres comidas, como las tiene uno ahora… No había plata para las tres comidas. Desayunaba, pero no almorzábamos y comía (cenaba) a las 7:00 de la noche para tener algo en el estómago”, narra con un dejo de tristeza en sus ojos café.

Era el benjamín de la casa. Tuvo cinco hermanos que fallecieron por condiciones de salud. “Eran tres mujeres y dos varones. Todos murieron nenes. No conocí a ninguno. Yo fui el último”, recuerda. Los dos varones y él fueron producto de la unión de don Eladio Texidor, un obrero de la caña, y doña Victoria Ortiz, quien trabajaba en las tareas del humilde hogar de madera y zinc.

Su niñez fue tan precaria que en los años de 1940 su papá ganaba apenas $3.00 semanales como picador de caña. “Como todo era a chavo (un centavo) o a dos, hacían compra, pero no me podían comprar zapatos y pagarlos ahí (al momento). Los zapatos costaban medio peso (50 centavos)”, narra el cantante que comenzó a trabajar en la caña a los 16 años.

En los cañaverales la jornada era de “sol a sol” y se ganaba $16 semanales, lo que en esa época representaba “un montón de dinero” para la humilde familia. “Comía funche (mezcla de harina de maíz), berenjenas y domplines con bacalao. En la Colonia teníamos gallinas y recogíamos los huevos para el desayuno. Un vecino era como un hermano y cuando había carne, se compartía”, atesora.

Herencia de tambores

Heredó su afición por los tambores de su padre, pues don Eladio solía repicar el pandero en los festejos de La Colonia. Luigi Texidor comenzó su carrera musical a los 17 años como bongosero en la orquesta Caribbean Kids de Santa Isabel.

“En esa orquesta había un trompetista famoso, Mario Ortiz, él tenía 15 años y yo, 17. Ahí estuve como dos años porque después, a los 19 años, ingresé al Ejército (de Estados Unidos). Acepté ir aunque fuera obligatorio para tener un dinerito”, dice al agregar que pertenece a los veteranos del conflicto de Corea. Estuvo asignado a la base Fort Dix en Nueva Jersey y estuvo 17 meses en Alemania, donde coincidió con el ídolo del rock and roll, Elvis Presley, quien también era soldado. “Compartimos un saludo en una actividad y supe que era Elvis Presley. Todavía él no cantaba. Yo cantaba desde los 17 años, pero me gustaban los cueros”, sostiene.

A mediados de 1950 tras culminar el servicio militar regresó a Santa Isabel. “Viví un tiempo solo en la Colonia porque mis papás murieron jóvenes. Los vecinos me llevaban comida y me daban la mano”, cuenta.

En esa década de 1950 laboraba con grupos locales tocando el bongó, las congas y debuta como cantante en la orquesta La Hispana de Juana Díaz. También estudiaba en la Universidad Católica para formarse como maestro de escuela elemental, pero no completó los estudios.

El racismo en carne propia

“No me gradué. No cogí los exámenes finales. Ya yo estaba en la música, falté un lunes a un examen, le pedí una oportunidad al maestro y me dijo que no, pero supe que le había dado oportunidad a otra gente. Creo que el tipo era racista, no me contuve y le dí (un golpe). Hasta aquí llegué, me dije y tenía buen promedio, 3.80”, comparte al evocar situaciones de discrimen racial con las que ha tenido que lidiar.

“Lo he sufrido muchas veces. Aquí y en los Estados Unidos, porque antes, cuando uno tenía que coger un autobús te enviaban para la parte de atrás. En New York me pasó eso cuando iba a presentaciones o de vacaciones a ver a la familia y en el Ejército, había barras que solo eran de blancos”, reprocha.

Enumera además, que cuando comenzó a cantar en hoteles en San Juan “teníamos que quedarnos en la parte de atrás con la orquesta. No se podía compartir, era bien difícil esa época en los años 60. Había gente que miraba a uno así (por encima del hombro). Puerto Rico siempre ha sido racista. Hay gente que no lo acepta, pero así es. Uno no ve muchos prietos en los bancos, ni en farmacias, tienes que ir a Loíza. En el gobierno casi no hay prietos y después dicen que aquí no hay racismo”, afirma.

Sus inicios en la Sonora Ponceña

En 1963 comenzó su prolífica carrera como vocalista en la Sonora Ponceña, del maestro don Quique Lucca y su hijo, Papo Lucca, a quien describió como un genio en el piano. Estuvo 14 años con Los Gigantes del Sur y luego, cantó un año en la orquesta del ‘Rey del Bajo’, Bobby Valentín.

También cantó con El Combo del Ayer, grabó varios números con Tito Puente y “Agonía” con los Lebron Brothers. Cantó dos años con las Estrellas de Fania y además, grabó con la Puerto Rico All Stars. Más recientemente grabó con la Orquesta Abran Paso, con la cual hace presentaciones locales.

A finales de 1978 cuenta que enfrentó una época bien difícil, casi sin contrataciones. “Hasta me arrestaron por pensión alimentaria porque no tenía dinero para pagar y antes por $35 ó $40 pesos te llevaban directo a la cárcel. Ahora la gente debe millones y no pasa nada”, recrimina. Estuvo varias veces ingresado en la cárcel regional de Guayama, donde compuso el número “Con fe y con valor”, que grabó con El Combo del Ayer.

En 1965 escribió su primer número, el famoso bolero Paño de Lágrimas, que la Sonora Ponceña grabó en la voz de Tito Gómez. “Para decirme que te vas no tienes que pensarlo tanto…”, dice tarareando un pedazo de la melodía que un rompimiento con una pareja le inspiró a escribir.

Al compositor Catalino “Tite” Curet Alonso le grabó varios números: “Las mujeres son de azúcar”, “Cómo es duro trabajar” y “Tema de una flor”, una metáfora del amor y desamor simbolizados por el perfume de una flor.

“Tremendo talento, Tite Curet. Lo conocí en la Calle Cerra, en Santurce, allí se reunían muchos cantantes”, dice el salsero, admirador del cantautor cubano Benny Moré y del Sonero Mayor de Puerto Rico, Ismael Rivera.

Luigi Texidor lleva 19 años como solista y dice que “ahora es cuando más trabajo aparece”. En abril viaja a Colombia para presentarse en Bogotá y en Medellín, y en mayo, se presenta en un festival de salsa en Panamá

-¿De la Colonia que es lo que más extraña?

“Extraño mucho el sitio donde yo me reunía con mi gente, se llamaba La Esquina Caliente, a la entrada de Santa Isabel. Yo la menciono en algunas canciones”, dice. En octubre pasado, el alcalde santaisabelino, Meldwin Rivera Rodríguez, develó junto al cantante una tarja en la calle principal de la Colonia nombrando la vía como Calle Luigi Texidor. “Ese día lloré”, expresa el salsero, quien vive agradecido del cariño que recibe del público.

Vida sana, fuera de las drogas

De complexión atlética, dice que mantiene su voz y su salud, haciendo ejercicio. “De joven, boxeaba, jugaba béisbol y en mis tiempos en la Católica, corría 100 metros. Todavía corro”, declara.

Muchos de sus contemporáneos salseros y otros más jóvenes, sucumbieron a las drogas. “Siempre me he cuidado, por eso he durado tanto. Yo no tengo vicios”, dice el maestro de la salsa.

-¿Qué hizo para no ceder a esas tentaciones?

“Eso es fuerza de voluntad, lo que no conviene, pues no conviene y al que me ofendiera le iba a dar un cantazo”, subraya.

-¿Cuál es su receta para la longevidad?

“Una vida sana, mucho ejercicio y cero sexo”, dice con una pícara carcajada.
Aunque es salsero de la mata, en la intimidad del hogar, suele escuchar música de tríos.

“La salsa es mi trabajo y lo disfruto, pero soy romántico”, asegura.

Antes de retirarse de la salsa le gustaría grabar un álbum como solista con canciones de su autoría o de otros autores. “Pienso hacerlo antes de irme, aunque Dios no me quiere allá arriba todavía”, dice sonriendo.

Reside en el barrio Río Cañas Abajo, en Juana Díaz, con su compañera de vida de hace 63 años, Hilda Renta y con Alma, una de las hijas de la pareja, quien lo llevó a la entrevista.
“Soy dichoso en eso, son una familia unida”, dice el padre de 14 hijos, dos de los cuales fallecieron. Tiene 29 nietos, 26 bisnietos y un tataranieto de cuatro años.

Y como dicen que ‘quien lo hereda no lo hurta’, dos de sus hijos, Luis Antonio y Ricardo cantaron con la agrupación “Los Hijos de la Salsa” y ahora, uno sus nietos, Alexis, conocido en el mundo artístico como Cirilo, dedicó a su abuelo el número “Tu nieto”.

-¿Cómo quiere Luigi Texidor que lo recuerde el pueblo?

“Como una persona sencilla, humilde. Con eso me basta…”, afirma el legendario cantautor de Santa Isabel, quien al culminar la entrevista se dio “un palito” y una cerveza…, “Ah Cará”.

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