Por Marga Parés Arroyo
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PONCE – Durante años fue un área protegida y vigilada por el gobierno, conocida por sus aguas cristalinas y riqueza natural. Pero hace nueve años (2017) el Huracán María la desgarró y tres años después (2020) un sismo impactó aún más las pocas estructuras que le daban un toque de urbanidad a este refugio de vida silvestre.
Desde los movimientos sísmicos se fue el Cuerpo de Vigilantes y el silencio se ha adueñado de Caja de Muertos, reserva natural con una rica flora y fauna que queda a unas cinco millas náuticas de Ponce. Esa desolación se interrumpe ocasionalmente en días soleados, cuando embarcaciones privadas la visitan para disfrutar de un día de playa.
Más allá de su orilla, su interior cuenta otra historia: vegetación salvaje cubriendo veredas y restos de sus maltrechas edificaciones: un visiblemente deteriorado muelle, el colapso de la vivienda del personal que estaba encargado de su vigilancia, el destrozo de bohíos que refugiaban a los visitantes del sol intenso y un desolado faro que data de 1887.
“Ya no hay nadie que vigile el anidaje. No hay vigilancia en la isla. Al menos las veces que he ido no he visto patrullaje”, comentó Alex Santaella, quien durante 12 años fue parte del Cuerpo de Vigilantes que pernoctaba en el lugar, en turnos rotativos, para su manejo y vigilancia.
“Fui del último grupo de vigilantes (del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, DRNA) que estaba allí, antes del terremoto. Ese día (7 de enero del 2020) estaba allí. Después de eso, se cerró la reserva”, expresó.
Ese temblor fue punta de lanza para el abandono actual de esta zona declarada reserva natural en 1980, contó. Él y otros vigilantes trabajaron en algunas reparaciones, incluyendo las instalaciones de los vigilantes, completamente destrozadas. Y aunque estas labores se paralizaron al poco tiempo, Santaella buscó la manera de seguir conectado a este santuario de la naturaleza que considera su casa. Ahora lleva a visitantes al área, mayormente a hacer snorkeling, en una pequeña embarcación que es parte de su compañía: WaterLand Adventure.
“El camino al Faro está cerrado por la vegetación y de 25 minutos que antes uno se tardaba en llegar, ahora se hace en unos 40 minutos, más aún para los que no conocen el área porque se pueden perder”, sostuvo al resaltar que la naturaleza crece sin control por falta de mantenimiento.
En Playa Larga y Playa Chica continúan los anidajes de tortuga, pero sin marcas que los limiten y protejan, lamentó. Además, advirtió, en esta zona se acumula basura por desechos marinos, en adición a la limpieza de ríos cercanos, contaminación que afecta este ecosistema.
“El muelle está bien deteriorado. Ya nadie se puede pegar (a esta instalación). Una de las escaleras para el segundo piso colapsó y también algunas planchas (de la estructura). Está (es una edificación) bastante peligrosa”, dijo, aunque advirtió que los pilotes parecen estar en buenas condiciones, por lo cual anticipó que, tal vez, puedan utilizar sus cimientos para la reconstrucción.
De su impresionante vereda submarina -construida en 1991 y renovada en el 2011 junto al muelle bajo una inversión gubernamental de $500,000- solo quedan varias de las 25 tarjas entonces ubicadas para que visitantes pudieran admirar algunas especies que habitan en el lugar, como el pez león, el cangrejo araña, el chapín y el carrucho.
“Quedan algunas placas, pero hay que limpiarlas (de algas y hierbas marinas). También se fue (la estatua de) el delfín de bronce”, indicó Santaella.
Advirtió que se llegó a considerar la rehabilitación de un área que los vigilantes usaban de almacén pues era la que más fuerte lucía. Sin embargo, lamentó, ese afán quedó suspendido.
A su juicio, sostuvo, el mirador del faro parece ser una estructura “salvable”, mientras recordó que, como en otros faros, reinstalar su iluminación le corresponde a la Guardia Costanera.
“A pesar de todo, (los visitantes) la han respetado bastante. No hay personas allí adentro. La gente (que va a pasar el día) se queda (mayormente) en los botes”, dijo Santaella, quien comentó hay letreros que advierten “No pasar”.
“En su parte natural sigue bella, pero en la parte turística no está en su mejor condición. No hay ningún servicio (en la reserva). Pero sigue siendo mi paraíso, con sus aguas claritas y la vida marina bella”, dijo.
Resaltó que el área es frecuentada por aves migratorias protegidas estatutariamente. Advirtió que tampoco se puede pescar en sus alrededores, ni con caña, ni con arpón. “Sigue siendo un área buena para hacer buceo y snorkeling recreativo”, dijo.
Todavía evaluando daños
Mientras esta reserva permanece como una postal detenida en el tiempo, el gobierno asegura que sigue evaluando sus daños, pero desconocen el total de las pérdidas, ni cuándo podría restaurarse. El DRNA es la agencia encargada de proteger y administrar esta zona.
El secretario del DRNA, Waldemar Quiles Pérez, comentó que originalmente la Agencia federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) emitió una asignación de $500,000 para restaurar esta reserva, tras el huracán María. Pero advirtió que eventos posteriores, incluyendo el terremoto, generaron daños adicionales que -seis años después- siguen evaluando.
“Hubo una revisión al proyecto. Nuestros consultores están haciendo una última evaluación. Hay edificios que no se pueden arreglar”, dijo al comentar que la evaluación final será nuevamente sometida a FEMA.
Adelantó hay estructuras que serán demolidas y escombros que remover. Comentó que la obra se complica por ser un islote, lo que implica la transportación marítima en la logística. Resaltó que, al igual que otros proyectos de la agencia, este está clasificado como 406.
Un proyecto 406 de FEMA viabiliza fondos de mitigación de riesgos para la reconstrucción de instalaciones dañadas por desastres de forma más resistente para reducir daños futuros.
“Tengo que esperar la evaluación de los consultores para ver si hay algo salvable”, insistió al comentar que la demora se debe a que “el proceso de FEMA es bien burocrático”, además de que “hay muchos proyectos corriendo a la vez” y se tuvo que reformular sus daños.
Por otra parte, admitió que la reserva continua sin vigilancia permanente, aunque aseguró realizan patrullajes preventivos cada cierto tiempo, incluyendo el monitoreo del anidaje.
“El cayo está cerrado. Se supone que nadie entre, (aunque) sí pueden ir a la playa”, dijo.
El funcionario no pudo precisar cuándo podrían comenzar los trabajos de restauración del área, ni una fecha aproximada del final de la obra. Antes de que termine el cuatrienio va a estar subastado”, dijo al pedir “paciencia”.
“Quiero que la gente vuelva a disfrutarla. Es una maravilla. Estamos comprometidos en restaurarla y ponerla en orden”, aseguró al resaltar es un área protegida, aunque no pudo especificar si la pesca en las inmediaciones de Caja de Muertos está actualmente prohibida.























































