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Chile conmemora hoy 10 años del terremoto de 8.8 de magnitud

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Por Redacción Es Noticia

redaccion@esnoticiapr.com

 

El 27 de febrero de 2010 a las 03:34 am. la zona centro sur de Chile vivió un terremoto de 8.8 de magnitud, que duró casi cuatro minutos.

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Este fue el octavo terremoto más grande registrado en la historia de la humanidad y logró inclinar el eje de la Tierra.

El colosal sismo dejó más de 500 muertos, 800,000 damnificados y una serie de experiencias y lecciones que siguen desafiando a las autoridades y ciudadanos de Chile.

Al cumplirse 10 años de la terrible y aleccionadora experiencia, los medios de comunicación de Chile han publicado numerosos artículos conmemorativos que intentan explorar los efectos del sismo en el pueblo chileno y como el país ha modificado conductas y establecido nuevos requerimientos de construcción en preparación para la posibilidad siempre presente de que el terremoto del 2010 se repita.

Debido a la importancia que la experiencia chilena puede tener para Puerto Rico, después de enfrentar un sismo de magnitud 6.4 el pasado 7 de enero, Es Noticia reproduce un artículo escrito por el periodista Carlos Montes y publicado por el periódico La Tercera, sobre cómo se han modificado las estrategias de construcción en Chile para conservar estructuras y salvar vidas durante un terremoto.

 

https://youtu.be/9FoE77Te1y4

 

Edificando para el próximo 27 F – Por Carlos Montes

Casas y edificios en el suelo. Ciudades completas en ruinas. Son imágenes recurrentes cuando en las noticias se muestran los efectos de un sismo en distintos lugares del mundo. No en Chile. Para el terremoto de 2010, la escena del edificio Alto Río, de Concepción, completamente derrumbado impactaba a todo el país, pero solo era un caso excepcional.

La intensidad del movimiento puso a prueba una vez más el diseño y construcción de las edificaciones de nuestro territorio, así como los reglamentos y su cumplimiento, afirma Peter Dechent, especialista del área de estructuras de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción.

Es el caso del edificio Don Tristán, ubicado en la comuna de Maipú, que perdió por completo su estabilidad, quedando totalmente torcido y desplomado. En junio de 2011 tuvo que ser demolido y, al igual que con Alto Río, los propietarios entablaron demandas contra las inmobiliarias y constructoras correspondientes.

Edificio Don Tristán, en la comuna de Maipú.

Otro número no menor de edificios quedó con grietas, que aunque no afecten estructuralmente a las edificaciones, sí generaron preocupación y molestia en los vecinos, especialmente tratándose de construcciones relativamente nuevas. El edificio Don Tristán, por ejemplo, apenas tenía cinco años.

Sin embargo, los expertos hacen hincapié en que estos casos fueron una minoría. “La infraestructura que se ajustaba a la norma sísmica vigente tuvo un desempeño muy positivo. En la mayoría de los casos donde se reportaron daños severos se identificaron problemas en el diseño (estructural y geotécnico) o malas prácticas constructivas”, explica Gabriel Candia, investigador del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (CIGIDEN).

Rubén Boroschek es académico de la Universidad de Chile y gerente de RBA-Global, empresa que analiza, evalúa y diseña infraestructura para terremotos. Desde su punto de vista, nuestro país resolvió el tema del colapso de sus edificios muy tempranamente.

Como ejemplo de esto menciona el terremoto de Valdivia en 1960, conocido por ser el más intenso registrado por instrumentos. “En ese evento el número de muertos fue menor a 2.700 personas, incluyendo el maremoto”. Cifra que, agrega, se multiplicaría fácilmente por 10 en cualquier otro país para un terremoto similar, mirando las estadísticas recientes.

Una nueva regulación

Hasta 2011, la construcción de edificios se regía .además de por la Ley General de Urbanismo y Construcciones y la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones- por la Norma Técnica NCh 433, sobre Diseño Sísmico de Edificios, aprobada en 1996 y modificada en 2009. Un año después, el terremoto del 27 de febrero impulsó una renovación importante en esta normativa.

«Se aprobó el Decreto Supremo DS61, un documento técnico que modifica y complementa las disposiciones del Decreto Supremo 117 vigente en 2010. Este modifica los factores de seguridad y los estándares de diseño sísmico de los edificios, a partir de la información obtenida de los daños que ocasionó el sismo del 27F”, explica Gabriel Candia.

Entre las modificaciones más importantes destaca una mejor clasificación sísmica del tipo de suelo donde se emplazará la edificación.
La nueva normativa exige la medición de un parámetro geotécnico llamado Vs30, que se relaciona con la rigidez del suelo en los 30 metros superficiales. Esto resulta fundamental para definir el diseño de las estructuras respectivas.

Otro de los cambios afecta directamente a los edificios de hormigón armado, que bajo ciertas condiciones exigen ahora espesores mínimos para los muros y un “confinamiento” de los extremos de los mismos.

“La idea principal de esta modificación es que los edificios deban incluir en su diseño los elementos de borde, que es como una pequeña columna que se construye dentro del muro para absorber los esfuerzos de flexocompresión en el muro”, dice Candia.

Esto permite dar mayor ductilidad a los edificios, limitando los daños. Si un edificio no es dúctil, agrega el investigador, durante un sismo severo puede sufrir, entre otras cosas, rotura de muros, falla de columnas, colapso de un piso débil o incluso del edificio completo.

Los avances en tecnología

Quizás el desarrollo más significativo que se ha hecho en ingeniería sísmica durante los últimos años sea el liderado por Juan Carlos de la Llera, decano de Ingeniería de la Universidad Católica y profesor del Departamento de Ingeniería Estructural y Geotécnica. El proyecto comenzó el 1996, pero para 2010 solo 13 estructuras contaban con estos sistemas de protección sísmica.

Se trata de dos técnicas. Una conocida como de aislamiento sísmico y la otra de disipación de energía. Para los edificios más “grandes y pesados”, explica De la Llera, se prefiere la primera técnica, mientras que en aquellos más altos y “esbeltos” (edificios sobre 20-25 pisos), la segunda.

Con el aislamiento sísmico, en vez de conectar el edificio a las fundaciones rígidas, al suelo, se lo conecta con un elemento flexible. Así, el suelo se mueve, pero el edificio se queda quieto. “Es como si estuviera sobre una cancha de patinaje: le patina el suelo por debajo y el edificio se mueve junto a la vibración que tiene el movimiento del suelo. Produces una separación entre la estructura y el suelo de fundación”, explica De la Llera.

 

 

Sistema de aislamiento sísmico.

El proyecto comenzó con la implementación del sistema de aislación sísmica en la Basílica del Salvador. La iglesia y edificio patrimonial, construidos entre 1873 y 1892, quedaron asegurados frente a eventuales terremotos durante al menos 50 años.

Respecto de la disipación de energía, lo más fácil es imaginarse el sistema de amortiguamiento de los autos. “En el auto pones un nivel entre la carrocería y la rueda, un amortiguador. En un edificio hacemos exactamente lo mismo”, dice De la Llera. En ciertos puntos, donde la vibración del terremoto produce una deformación del edificio, se coloca un elemento para disipar esa energía.

Ese fue el trabajo realizado en la Torre Titanium durante 2010: «Cada tres pisos pusimos este elemento, un verdadero fusible o amortiguador que ‘gasta’ la energía que el sismo pone sobre el edificio”, añade el académico de la UC.

El 27F vino a confirmar el buen funcionamiento de estos sistemas en las construcciones que sí los tenían, entre los hospitales y muelles. La “prueba” fue especialmente importante, porque nunca antes se habían probado estas técnicas en sismos de tan larga duración.

Por lo mismo, hoy alrededor de 120 construcciones ocupan algunas de estas técnicas, entre ellas 37 proyectos residenciales, 32 inmuebles de oficinas, 19 hospitales, 13 construcciones industriales, siete edificaciones educacionales y tres templos religiosos. Además, ambas técnicas han sido aplicadas en otros países. Es el caso de Perú, “donde todos los hospitales están siendo aislados sísmicamente gracias a la experiencia de Chile”, dice De La Llera.

«Chile se ha transformado en un líder a nivel latinoamericano respecto del uso de estas técnicas, que además son sistemas pasivos, lo que significa que se diseñan en el origen de las estructuras y no se modifican nunca más”, explica Rubén Boroschek.

De la Llera reconoce, de todas formas, que el porcentaje de edificios que tienen la tecnología en Chile es aún menor. Como todas las innovaciones, afirma, se van introduciendo de a poco. “Es sistema de bajo costo, aplicable a todo tipo de construcciones, por lo que esperamos que su uso se amplíe”.

Ahora el desafío que queda pendiente, dice Boroschek, es resolver la pérdida de la inversión, las consecuencias económicas y sociales que desencadenan un daño severo en nuestra infraestructura.