Durante demasiado tiempo, la obesidad ha sido abordada desde el prejuicio y la simplificación. Se le ha atribuido a la falta de voluntad individual, ignorando que detrás del exceso de peso existe una condición médica compleja.
Esta visión no solo es incorrecta, sino que ha retrasado diagnósticos, tratamientos oportunos y ha profundizado el estigma hacia quienes viven con obesidad. Hoy, la evidencia científica obliga a replantear el discurso: la obesidad no es una decisión personal, es una enfermedad crónica que debe atenderse con rigor médico y empatía social.
“El primer error es pensar que la obesidad es falta de voluntad”, afirma categóricamente el Dr. Guillermo Bolaños, cirujano y director de la Clínica de Medicina y Cirugía Bariátrica San Lucas. “La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial”, explica, señalando que en su origen intervienen factores genéticos, biológicos, metabólicos y hormonales que alteran la regulación normal del peso corporal.
El impacto de esta condición va mucho más allá de lo estético. “Si no se trata, puede avanzar en severidad y tener consecuencias graves en diferentes sistemas del cuerpo”, advierte el especialista. Las condiciones relacionadas directamente son la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, el daño renal, el hígado graso y los problemas músculo esqueléticos. “Puede llevar a fallos irreversibles de órganos y a una muerte prematura”, señala.
El estigma ha sido uno de los mayores obstáculos para su manejo adecuado. “No es culpa del paciente”, recalca Bolaños, al destacar que cada vez se identifican más genes relacionados con el desarrollo de la obesidad. Estos factores pueden activarse al combinarse con hábitos alimentarios poco saludables y un entorno que facilita el consumo constante de alimentos altos en azúcares y grasas refinadas.
Desde el punto de vista clínico, la obesidad no es una condición única. “Hoy hablamos de obesidad preclínica y obesidad clínica”, detalla. La primera se refiere al aumento de adiposidad sin daño evidente a otros órganos, mientras que la segunda ya incluye manifestaciones como diabetes o alta presión. “La obesidad es una condición progresiva y, si no se maneja, va a comprometer órganos importantes como el páncreas, los riñones y el corazón”, enfatiza.
El tratamiento, insiste, debe ser individualizado. “Hoy hablamos de medicina de precisión; cada paciente debe tener un manejo adaptado a su historial, laboratorios y condiciones específicas”. Las opciones incluyen cambios en el estilo de vida, medicamentos y, en casos indicados, cirugía bariátrica.
Sobre esta última, aclara que no es una solución mágica. “La cirugía bariátrica es una herramienta segura, duradera y efectiva, pero requiere seguimiento y compromiso”. Añade que sus beneficios trascienden la pérdida de peso: “Mejora la calidad de vida, corrige enfermedades asociadas, mejora la salud mental y la autoestima”.
Reconocer la obesidad como una enfermedad crónica no solo es un acto de justicia médica, sino una necesidad urgente. Abandonar el juicio y promover el tratamiento oportuno puede marcar la diferencia entre el deterioro progresivo y una vida más saludable y plena.
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Por Centro Médico Episcopal San Lucas




















































