PONCE – Caminar por el casco urbano de Ponce es encontrarse con algunas cicatrices del terremoto submarino ocurrido a las 4:24 de la madrugada del 7 de enero del 2020.
La Logia Aurora (estructura histórica que data del siglo 19), el edificio Ponciana (condominio residencial de 12 pisos con varios espacios comerciales) y otras céntricas casas, oficinas, escuelas, iglesias y tiendas, muchas ubicadas en calles principales -como la Marina, Reina y Salud- continúan en abandono.
A pesar de que su epicentro ocurrió en Guayanilla, otros pueblos de la región sur y suroeste del país también fueron impactados: principalmente Guánica, Yauco y Peñuelas, además de Lajas, San Germán y Ponce, entre varios otros, donde también la reconstrucción o demolición de importantes estructuras permanece detenida o aún no finalizada.
Muchas de estas edificaciones fueron consideradas joyas arquitectónicas, pero con sus fachadas evidentemente deterioradas pareciera como si el tiempo se hubiera detenido desde que fueron desalojadas por el riesgo de colapso y dejadas al olvido. Decenas de familias dejaron atrás la rutina que transcurría en esos lugares, pero seis años y medio después el destino de esas estructuras continúa en suspenso.
Ante la incertidumbre de si serán demolidas o no, siguen recordando que la emergencia no siempre termina cuando deja de temblar. Mientras, los daños de estos inmuebles mantienen latente el riesgo de un derrumbe, amenaza que pone en peligro a los peatones y conductores que transitan diariamente por sus inmediaciones.
Hace varias semanas Venezuela volvió a enfrentar la fuerza de la tierra. El evento ocurrió a las 6:04 p.m. del pasado 24 de junio, un inusual doblete sísmico con magnitudes de 7.2 y 7.5, panorama que dejó miles de muertos, heridos y desaparecidos, dentro de una devastación que aún se intenta dimensionar.
En Puerto Rico, mientras tanto, las placas tectónicas nunca dejan de moverse, aunque el evento más potente continúa siendo el del 2020, cuando se registró una magnitud de 6.4 tan reciente como el pasado miércoles se registró un sismo de 3.9 de magnitud al sur de Guayanilla.
Los instrumentos muestran actividad de forma permanente y los científicos vigilan cualquier señal que pueda anticipar una actividad mayor, conscientes de que la pregunta no es si volverá a ocurrir un gran terremoto, sino cuándo.
“Del 1 de enero al 31 de diciembre hay temporada de tsunami en Puerto Rico porque puede ocurrir uno en cualquier momento. Por eso es importante estar preparados y tener mucho cuidado con la construcción de edificios, porque lo que mata (generalmente) es el colapso de las estructuras”, comentó Christa von Hillebrandt-Andrade, subdirectora de la Oficina del Caribe del Centro Internacional de Información de Tsunamis.
“Aquí (en la isla) tenemos un buen código de construcción, pero hay estructuras que son de antes (de esas regulaciones) por eso hay que revisar las edificaciones más antiguas (a esa fecha)”, agregó la experta en geología.
El más reciente Código de Construcción de Puerto Rico fue revisado en el 2018. Esta guía se basa en códigos internacionales de construcción, con adaptaciones locales, estableciendo los estándares mínimos de seguridad y eficiencia que deben cumplir las edificaciones en la isla.
Sobre las posibles demoras que aparentemente han detenido la probable demolición de estructuras afectadas por el movimiento sísmico del 2020 en el sur del país, la geóloga comentó que muchas veces se deben a dilemas con los tribunales o con las compañías de seguro. Por eso, reitero, es importante que siempre se haga un análisis sísmico que evalúe y determine el peligro de colapso de estructuras en riesgo, después de un sismo.
Tras un terremoto ocurrido en Ecuador, dijo, pasaron unos diez años en lo que se determinó demoler unas estructuras afectadas y convertidas en estorbo público y arreglar otras también impactadas.
“Muchas veces son procesos largos”, lamentó al resaltar que de ahí parte la importancia de construcciones fuertes y resistentes a sismos.
El doctor Víctor Huérfano, director de la Red Sísmica de Puerto Rico, también deploró que todavía haya edificios afectados por el evento sísmico del 2020 sin demoler o reconstruir.
“Si esos edificios abandonados se revisaron y se concluyó que no son seguros, es (básicamente esperar y) observar esa estructura hasta que pueda colapsar sin temblor (en cualquier momento), por el mismo peso estructural. No debería ser lo correcto”, reiteró al insistir en que si luego de un sismo una estructura es certificada como no apta esa determinación es final y se debe tomar acción al respecto para disponer de ella.
El profesor e investigador del Recinto Universitario de Mayagüez, de la Universidad de Puerto Rico (UPR), comentó que la reconstrucción de un país después de grandes terremotos depende en gran parte de su desarrollo económico, además de la ayuda recibida.
Como ejemplo, comentó que durante una visita que hizo a Chile, aproximadamente un mes después de un gran terremoto ocurrido en dicho país en el 2014, ya muchos de sus daños estructurales habían sido recogidos y gran parte del terreno afectado lucía recogido y listo para su reconstrucción. A modo de comparación, señaló que 16 años después del fuerte sismo que azotó a Haití en el 2010, la reconstrucción allí es prácticamente nula, con evidentes daños aún visibles en mucha de su infraestructura impactada.
“Acá (en Puerto Rico) el huracán María nos enseñó que la recuperación fue bastante lenta. Básicamente, como dicen, lo que se dañó ya (no sirve), hay que seguir pa’lante. Por eso los científicos trabajan antes de (que ocurran las cosas)”, puntualizó.
A principios de mayo, dijo, la Red Sísmica, junto al Servicio Geológico de Estados Unidos, presentaron el mapa actualizado de amenazas sísmicas para Puerto Rico. Este documento, que no se actualizaba desde el 2003, reiteró que Puerto Rico e Islas Vírgenes están en una zona sísmica activa, por lo cual urge preparación, educación, planificación y construcción segura.
Desde la UPR, sostuvo, la Red Sísmica no puede establecer política pública, sino implantarla. Por eso, resaltó la importancia de este documento para que a nivel gubernamental se desarrolle política pública encaminada a continuar reforzando nueva infraestructura en la isla, obras lo suficientemente fuertes como para resistir sismos fuertes.
“Hay muchas estructuras en Puerto Rico que hay que revisar”, concluyó.









































