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Estrellas en Centroamericanos -Ponce 93

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Por Ana Delma Ramírez

redaccion@esnoticiapr.com

 

PONCE – Cuando se realiza una búsqueda de datos sobre el evento de los Juegos Centroamericanos – Ponce 93, sobresale la fotografía icónica del pertiguista Edgard Díaz, a lágrima viva por su triunfo dorado en ese evento.

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Icónica imagen de Edgar Díaz

Treinta años después de haberse bañado en oro, en el estadio Francisco” Paquito” Montaner, ante miles de aficionados, Edgar explicó los motivos de su llanto.

“Lloré al recibir mi medalla -actualmente expuesta en el Museo del Albergue Olímpico- fue un desahogo al sacrificio, al recordar que superé una lesión de meses antes de Ponce 93, que pudo haber impedido mi participación. Más aún, de emoción por haber ganado ante mi gente, en mi gallinero”, expresó.

Díaz trabaja como director atlético de la Universidad Ana G. Méndez, desde donde sigue motivando a los “nuevos muchachos” como les llamó.

Ponce 93 es para el pertiguista un momento inolvidable que impactó su vida, le impartió motivación para poder hacer “lo que se debe por el país”, expresó.

Explicó que una vez conquistó la medalla de oro, su premiación sería la última de la noche, pasó sobre una hora en el proceso de dopaje por lo que pensó no habría nadie en el parque para verlo subir al podio.

“Wow. Cuando entré el parque estaba abarrotado. Me estaban esperando. Cantaron la Borinqueña conmigo. Lloraron conmigo, fue algo único”, describió al tiempo que comentó que a su paso por el pasillo hasta el centro del parque firmó sobre 80 autógrafos en banderas, servilletas y camisetas.

“Me propuse que nadie me ganaría en mi tierra, y así fue”. dijo.

El brinco de Edgard fue de 17 pies con 10 pulgadas. Su récord nacional de pértiga se mantuvo hasta el 2000, cuando hizo su retiro.

Sobresale Domingo Cordero

El vallista Domingo Cordero ganó la primera medalla de atletismo para la representación boricua durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados hace 30 años en esta Ciudad.

La medalla de Cordero fue en su especialidad 400 metros con vallas, lo que abrió la puerta a un buen desafío.

Treinta años después, Cordero habló con Es Noticia sobre sus recuerdos y anécdotas de aquella hazaña.

“Recuerdo que mi evento se detuvo más de 25 minutos a causa de la lluvia, me fui a un ‘dugout’ donde estuve ejercitándome y calmando los nervios, repasando la carrera y lo que tenía que hacer. Corrimos con la pista mojada y un poco de lluvia. Impuse récord Centroamericano con 49.50 y la primera medalla de oro”, memoró.

Más adelante, Domingo Cordero integró el relevo 4×100 metros con un equipo que ganó presea de plata en Ponce 93. “Fue una motivación increíble. Si tuviera que hacerlo volvería. Es algo único lograr medallas para el país y delante de miles de puertorriqueños que llenaron el parque”, dijo.

Le sorprendió que han transcurrido 30 años desde ese evento, uno que lo lleva vivo en su memoria por eso durante la entrevista manifestó que era como si de nuevo estuviera en Ponce.

Su carrera dorada fue un sábado, al otro día un medio escrito publicó en su portada la nota con el título “Domingo de Oro”. El velocista luego de subir al podio cargó en brazos a su primogénito Gabriel, quien en ese entonces tenía cinco meses. Se hizo viral la foto en la que también estaba acompañado de su entrenador y mentor el ponceño Roberto Velázquez Rosaly.

Cordero manifestó que la delegación de atletismo de Puerto Rico fue hospedada en la escuela del Albergue Olímpico, que protestaron y los reubicaron en la Villa en el Campamento Santiago, lugar que describió como inhóspito, polvoriento, pero con magia y confraternización.

Ponce 93 significó mucho para el especialista en 400 metros con vallas, quién tuvo el dominio de ese evento por 19 años hasta que incursionó el ponceño Javier Culson, que le heredó.

Domingo Cordero se graduó del Departamento de Educación Física de la Universidad de Puerto Rico – Recinto de Río Piedras. Laboró, hasta su retiro, como organizador de deportes para empleados
de la UPR y otras plazas relacionadas con la educación física y sus instalaciones.

Lanzadora de oro

Para la inolvidable lanzadora del equipo nacional de softbol de Puerto Rico, Ivelisse Echevarría, “se oye lejos Ponce 93, pero está presente en mi corazón y vivencias que parece que fue ayer”.

La competición significó para el softbol boricua el primer evento internacional sin contar con el mentor del equipo y otrora presidente de la Federación de Softbol de Puerto Rico, el alcalde de Guaynabo, Alejandro Jr. Cruz, pues falleció meses antes de Ponce 93.

“Su muerte nos derrumbó”, dijo. “En medio de ese duelo perdimos cuatro partidos consecutivos y nos dieron pocas oportunidades de estar en contienda, pero los fanáticos no nos abandonaron, el parque siempre estaba lleno”, recordó.

Hubo -de acuerdo a Ivelisse- un momento de reflexión, de recuperación y muestras de agradecimiento a su fallecido Presidente. Ganaron siete juegos consecutivos hasta ganar de manera impresionante la medalla de oro.

Venía ese equipo de ganar medallas de oro en Centroamericanos y del Caribe en Cuba y en República Dominicana, pero nada como ganar en suelo patrio, ante su gente, y en el caso de Ivelisse, con su mamá, su hermana y el resto de la familia en frente a ella, viéndola lanzar.

Ivelisse lanzó el partido dorado. Lo festejaron de manera diferente y en un lugar inesperado.

“A las 12 de la noche nos regresamos a Guaynabo, al cementerio donde estaba enterrado Junior Cruz, muchos fanáticos encendieron las luces de sus autos cerca de la verja, saltamos, y ahí en su lugar de descanso le obsequiamos una medalla y la bola con la que gané la presea de oro”, describió del emotivo momento.

Ivelisse dijo que las jugadoras de Colombia, quienes ganaron la medalla de plata, las acompañaron al camposanto.

Ponce 93 marcó el retorno de Ivelisse Echevarría a la competición activa. Estuvo recuperándose de una lesión en uno de sus brazos. Aunque el médico le garantizó que podría seguir como lanzadora, estaba invadida de miedo.

Los Juegos Ponce 93 le hicieron vivir tiempos mágicos, describió la veterana sofbolista. “No puedo olvidar esos juegos, mucho menos haberle dado oro a mi país”, dijo.