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Una noche cocola en el Paseo Cheo Feliciano

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PONCE – Un joven adulto agarra a su pareja por la cintura y en un movimiento rápido, la deja caer hacia atrás, hasta que, en un cuerpo a cuerpo, la pareja desafía la fuerza de gravedad.

Casi al borde del suelo, los bailadores mantienen el equilibrio y con un beso en los labios, sellan en la pista de baile el cierre de la canción “Lo mío es amor”, un clásico de la salsa romántica.

Otra pareja de adultos mayores marca la clave con manos y pies y un bailarín de competencias internacionales, deja embelesado al público con sus sandungueros movimientos de hombros y caderas.
Es un sábado, desde antes de las 8:00 de la noche, salsómanos de distintos puntos del área sur de Puerto Rico, se reunían en el Paseo Cheo Feliciano, en la calle Atocha de la zona histórica de la Ciudad Señorial.

“Salseros ponceños; que siga la clave”, lee a uno de los costados una placa negra en mármol con letras blancas, que deja claro que en el espacio de esparcimiento convergen amantes de la salsa gorda y de las nuevas generaciones.

En lo alto de un farol, un banderín realza la emblemática figura del fenecido Cheo Feliciano con estrofas de El Ratón, uno de los grandes éxitos de su puño y letra, que el salsero ponceño inmortalizó bajo el sello de Estrellas de Fania.

Una brisa nocturna ataja el usual calor veraniego de la ciudad sureña. Restaurantes y comercios de bebidas circundan el concurrido punto de encuentro salsero.

El rumbón, presenciado por Es Noticia, arranca puntual a las 9:00 PM, con el Grupo GZA. Adultos mayores coinciden en la pista con parejas jóvenes, en una competencia fraternal por lucir los mejores pasos y vueltas, algunas aprendidas en la calle, otras, en escuelas de salsa. Muchos de los bailarines llevan calzado deportivo y ropa cómoda con la intención de bailar toda la noche, aunque también llegan algunos ataviados con ropa casual elegante.

“Yo bailo salsa desde que era guaguancó, pachanga y jala-jala. En aquel tiempo eran pocos los que bailaban”, dice de un golpe, Ramón “Moncho” Colón, del sector La Calzada de Ponce.

“La salsa empezó en la 116 y Lexington, en Nueva York y allá iba yo a bailar. Voy a dondequiera que haya salsa”, sostiene el cocolo de barba y bigote blanco, demostrando conocimiento de los orígenes del género.

Lissette García y su esposo, Reinaldo Albert, llegan desde Guayanilla. “Vinimos ayer viernes y volvimos hoy porque hay salsa en el Paseo y también hay salsa allá, (señala a una discoteca a unos cincuenta metros). Me encanta la salsa”, expresa.

“La salsa ahora se ha convertido en un baile de más vueltas. Para mí está el salsero que sabe bailar, que a lo mejor no sabe dar muchas vueltas, pero es salsero”, reclama Albert. La pareja de mediana edad planifica bailar varios números en la pista al aire libre del Paseo y en los recesos, moverse al 787 Sport Bar & Grill, dónde amenizaba el grupo Junte del Sur, con entrada libre de costo.

Al filo de las 10:00 de la noche, el bailarín profesional, Bruno Alexander Rodríguez comparte en el Paseo con familiares y amistades. Cuando suena el icónico Ah-ah-o-no, del también ponceño, Héctor Lavoe, el joven curtido en el baile desde los nueve años, encuentra una pareja de baile en el público. Se acoplan enseguida y captan las miradas de la gente.

“Comencé a bailar en la Academia de Julie Mayoral. Literalmente, crecí bailando. De hecho hice mi carrera universitaria con una beca que gané por bailar. Me fui a Nueva York a hacer un doctorado en microbiología, pero bailando siempre, teniendo la salsa viva en todo momento. Está en mi ADN”, sostiene el reconocido bailarín, de 34 años.

Renace el género en grupos de jóvenes

“La salsa siempre ha estado viva desde hace muchos años sobre todo en Ponce, Ahora, en estos últimos años vemos a artistas jóvenes del género urbano que están tratando de mezclar el ritmo y traer la salsa de vuelta. Ahora mismo, Bad Bunny está pegao en Europa. En su concierto está llevando salsa puertorriqueña que tiene muchísima influencias de cantantes de aquí de Ponce como lo es Cheo Feliciano”, destaca Rodríguez, quien dice que cuando se conecta con la música hay que dejar que “el cuerpo se lleve solo”.

“Me da mucha emoción y esperanza ver gente joven que está motivada cogiendo clases con este resurgimiento de la salsa porque esto se estaba perdiendo. Ver gente que viene aquí (al Paseo) a compartir y a conectar con otras comunidades para bailar, eso me llena de mucha esperanza”, agrega.

Para Ian, otro joven de 20 años, residente en Coamo, era su segunda visita al Paseo Cheo Feliciano. Bailaba con Betsy una jayuyana, mucho mayor que él, pero en la pista no había edades.

“Empecé a bailar salsa por curiosidad y a este punto ya es pasión, me he quedado”, cuenta el coameño.

“A mí, dice ella, me encanta venir aquí y bailar. “Esta es una comunidad y bailamos todos juntos. Somos de distintas edades, profesiones”, sostiene la mujer.

Al otro lado del Paseo, el conocido grupo Bailarines de la Parguera monta su acostumbrada coreografía. El grupo diverso de más de 20 personas de distintos pueblos del área sur, no suele bailar en pareja.

“Nos reunimos todos los domingos en La Parguera. Acá al Paseo venimos todos los sábados”, expresa Luis Peña, uno de los fundadores del grupo. “Bailamos de todo. Lo que nos gusta es compartir con la gente y llevar alegría. A nosotros nos gusta bailar y que la gente aprenda a bailar con nosotros. La salsa siempre ha estado viva, se baila en muchas partes del mundo”, sostiene el residente de Lajas.

Héctor Oquendo, vocalista de Junte del Sur, asegura desde la tarima que la salsa está más viva que nunca. “Hay muchos sitios que están dando clases de salsa y después vienen grupos a tocar salsa también. En el sur hay mucha salsa”, dice el cantante, cuyo grupo se dedica a interpretar la llamada salsa romántica. Sus seguidores, agrega, son salseros de la mata, salseros jóvenes y mucha gente que está tomando clases de baile.

Los comerciantes del Paseo unen esfuerzos para mantener activa la salsa con música en vivo. “Es un público que vuelve. De mi restaurante han salido ya varias parejas y yo digo: ¡Amén! La salsa está viva y queremos que siga viva, no podemos dejar que se nos muera. Es una música que me gusta mucho. Es que en Ponce somos salseros”, afirma Wanda Aponte Albizu, propietaria del restaurante Ashe.

“Estamos luchando para ver si hacemos un festival de salsa y dedicar un día al gran Cheo Feliciano. Estamos trabajando con eso, pero lo tenemos que trabajar todos los comerciantes del área”, expresa. “Siempre he sido salsera, me crié con la salsa vieja, me trae recuerdos buenos”, sostiene la comerciante, nieta del prócer nacionalista, del barrio Tenerías de Ponce, don Pedro Albizu Campos.

Encuentro salsero en Plaza del Caribe

Es el último domingo del mes y la rumba salsera se traslada a las inmediaciones de Plaza del Caribe, en Ponce. Se dan cita bailarines y estudiantes de la escuela Club Salsa, que empiezan a ocupar la plazoleta exterior del centro comercial, convertida en una gran pista de baile.

Calientan, primero en una práctica liderada por el instructor y presidente de la escuela salsera, Juan Santos Romero. Luego, se entregan al baile que ameniza, Salsa del Sur, agrupación que hace detener a parroquianos para escuchar grandes clásicos de la salsa gorda.

La estudiante Lix Ortix llega desde Juana Díaz y antes de ingresar a la pista se coloca unos zapatos negros de tacón bajo con la suela revestida de metal en las puntas.

“Los conseguí por Amazon. Prefiero usar estos zapatos porque es más fácil para dar las vueltas”, cuenta. “Yo bailo desde mi infancia. Estuve muchos años sin bailar porque tengo fibromialgia, artritis y cinco discos herniados. Había engordado, bajé 30 libras y decidí volver a bailar para mantenerme haciendo ejercicio. La salsa no solamente es un ejercicio, ayuda a despejar la mente. Ya no me quito, es lo mejor que hay”, afirma la estudiante del nivel avanzado. Su esposo, Eduardo Torres también se anima para salir a la pista, aunque lleva unos tres meses en el grupo de baile.

“El objetivo es reunir a todos los estudiantes, impulsar más el movimiento salsero, que lleguen hasta acá. En este momento siento la salsa más encendida que nunca, está a fuego. Todo el mundo se ha enamorado del baile, se ha creado una comunidad. Amistades se han creado, familias se han creado. Creo que la salsa está como lo estuvo alguna vez, en los años 70”, dice Santos Romero, natural del barrio Coco, en Salinas.

El Club Salsa ofrece cursos en tres locales diferentes: martes y jueves, (Plaza del Caribe), miércoles en (Caguas) y lunes, en Juana Díaz. Un curso de ocho clases tiene un costo de $65.00 ó se cobra $10:00 por cada clase.

¿En Ponce se baila diferente la salsa?

Hay diferentes culturas de baile. En San Juan la mayoría de las personas dominan lo que se llama el tiempo dos de la música, se baila más a contratiempo como algunos le dicen, pero en realidad casi todos estamos llevando una misma estructura del baile lineal, que es la salsa moderna.

«Decir que se baila diferente, eso va a depender de la academia, del estilo. Acá nosotros manejamos el tiempo uno, que es el tiempo natural de la música y hemos creado un proyecto enorme”, explica el técnico de farmacia, que aprendió a bailar salsa a los 15 años con un vecino de su comunidad salinense, que era empleado del Negociado de Bomberos. Con una matrícula de más de 400 personas en los tres locales, Santos Romero se dedica totalmente ahora a enseñar a otros a bailar salsa.

Como diría Cheo Feliciano: Familia… Sentimiento tú!!!

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