Sentirse triste por una pérdida, una decepción o una situación difícil forma parte de la experiencia humana.
Sin embargo, cuando ese estado emocional se prolonga durante meses o años y comienza a convertirse en la manera habitual de vivir, podría tratarse de distimia, una condición que muchas veces pasa desapercibida por quienes la padecen y por quienes los rodean.
El licenciado Josué Guzmán, trabajador social clínico del Centro de Salud Conductual San Lucas, explica que la distimia es un tipo de depresión caracterizada por su persistencia.
A diferencia de un episodio de depresión mayor, que suele incapacitar de forma evidente, la distimia “te pega, no te derrumba, pero te acompaña y te va consumiendo poco a poco”.
Por ello, advierte que su peligro radica precisamente en que las personas aprenden a convivir con ella sin reconocer que necesitan ayuda. Para ilustrar esta realidad, el especialista utiliza una analogía sencilla: vivir con distimia es como usar todos los días una ropa que nunca nos gustó.
Con el tiempo, la persona olvida cómo se sentía usando aquella que realmente la hacía feliz. “No es lo mismo sobrevivir que vivir”, afirma, al explicar que quienes padecen esta condición suelen funcionar en “modo automático”, convencidos de que esa es su personalidad.
El licenciado Guzmán señala que las personas con distimia pueden trabajar, estudiar, sonreír y cumplir con sus responsabilidades, lo que dificulta identificar la condición.
Entre las señales de alerta menciona la pérdida de interés en actividades que antes generaban satisfacción, alteraciones del sueño y del apetito, aislamiento social y la incapacidad para experimentar placer.
En algunos casos, añade, esa búsqueda de sentirse mejor puede conducir al consumo de alcohol, drogas u otras conductas de riesgo. Frente a este panorama, el especialista enfatiza la importancia de hablar sobre salud mental y aprender a identificar las emociones desde la niñez.
“Si no sabemos identificar qué es lo que sentimos, ¿cómo vamos a saber cómo solucionarlo?”, cuestiona.
También insiste en que buscar ayuda profesional no es una muestra de debilidad, sino un paso esencial hacia la recuperación.
La psicoterapia y, cuando es necesario, el tratamiento farmacológico, forman parte de las alternativas más efectivas para recuperar la calidad de vida.
El mensaje final del licenciado Guzmán es claro: “No están solos. Es de valientes hablar”. Recuperar aquellas actividades que alguna vez despertaron alegría, apoyarse en la familia y acudir a un profesional pueden marcar la diferencia entre acostumbrarse a sobrevivir y volver a disfrutar plenamente la vida.
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Por Centro de Salud Conductual San Lucas











































