El hígado graso es una de las condiciones hepáticas más frecuentes y, al mismo tiempo, una de las más silenciosas.
Según explicó el Dr. Hendrick Pagán, gastroenterólogo y hepatólogo especializado en trasplantes, esta enfermedad consiste en un “depósito de grasa en el hígado” que muchas veces pasa desapercibido porque “no hay síntomas” o estos son “extremadamente sutiles”.
Entre las señales más comunes, el especialista mencionó cansancio persistente y molestia en la parte superior derecha del abdomen. Sin embargo, advirtió que muchos pacientes descubren la condición de manera incidental, tras un laboratorio de sangre o un estudio realizado por otra razón. “Cuando hay síntomas, probablemente este paciente de hígado graso ha desarrollado etapas más avanzadas”, señaló.
El Dr. Pagán indicó que uno de los factores de riesgo más importantes es el síndrome metabólico, que incluye condiciones como sobrepeso, diabetes, hipertensión, colesterol elevado y apnea del sueño. “Por tener un factor de riesgo y grasa en el hígado, ya automáticamente tenemos hígado graso asociado”, explicó. También destacó que esta enfermedad puede presentarse a cualquier edad, incluso en pacientes pediátricos, aunque suele detectarse con mayor frecuencia entre los 30 y 40 años.
Además, aclaró que no todos los casos están relacionados exclusivamente con la alimentación o el peso corporal. El consumo de alcohol también puede causar acumulación de grasa en el hígado, al igual que algunos medicamentos y ciertas condiciones médicas. Por eso, insistió en que “lo más importante es identificar por qué este paciente tiene grasa en el hígado”.
En cuanto al diagnóstico, el especialista explicó que una prueba de sangre puede ayudar a identificar pacientes con riesgo de cicatrización hepática. A partir de ahí, puede recomendarse una elastografía, una prueba no invasiva que permite medir tanto la cantidad de grasa como el nivel de fibrosis. “Ese número me deja saber en qué estadio de cicatrización y cuánta grasa tiene ese hígado”, detalló.
A pesar de los riesgos, el Dr. Pagán subrayó que el hígado graso puede mejorar si se detecta a tiempo. “Bajar de peso de un 7 a 10%” y hacer ejercicio puede producir mejoría visible incluso “bajo el microscopio”, aseguró. También recomendó una alimentación alta en frutas y vegetales, evitar alimentos ultraprocesados y reducir el consumo de refrescos y azúcares añadidas. “La comida es vida”, afirmó.
“El hígado es un órgano hermoso”, expresó el especialista, al destacar su capacidad de recuperación. Su mensaje final fue claro: tomar control de condiciones como la diabetes, hipertensión y colesterol, mantenerse activo y consultar al médico primario puede hacer una gran diferencia en la salud hepática.
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Por Centro Médico Episcopal San Lucas