Puerto Rico a merced de fallas identificadas y sin estudiar

Por Miguel Díaz Román

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Tras los sismos acontecidos en el suroeste de la isla, existe la posibilidad aún más tenebrosa de que una falla sísmica que se extiende por más de 40 pueblos, en un surco diagonal que comienza en Guayama y Salinas y alcanza municipios como Añasco y posiblemente Aguada, pudiera activarse con un terremoto mayor a la magnitud de 6.4 y causar miles de muertos y una destrucción material como nunca antes se ha visto en Puerto Rico.

Recientemente el ingeniero estructural José Izquierdo Encarnación sostuvo que si la citada falla se activara con un sismo mayor a la magnitud 6.4 habrían más de 200,000 muertos a causa del desplome de miles de construcciones que no han sido diseñadas para ese tipo de eventos. 

La falla fue descubierta en el 2012, pero desde entonces no ha sido investigada profundamente.

Christa Von Hillebrandt, gerente del Programa de Alerta de Tsunamis del Caribe del Servicio Meteorológico de los Estados Unidos, coincidió con el catastrófico vaticinio de Izquierdo Encarnación  debido a que se desconocen las características sísmicas de la falla y sus ramificaciones en el suelo boricua, lo que implica que la falla no ha sido incorporada en el código de construcción y como resultado, la planificación de construcciones en la zona antes descrita  no considera su capacidad destructiva.

A esto hay que sumar la gran cantidad de viviendas construidas en Puerto Rico, sin cumplir con el código de construcción  y que se conocen como construcciones informales.

“Es correcto lo de los 200,000 muertos. Yo coincido con esa apreciación porque sabemos que la magnitud 6.4 no es el máximo que puede ocurrir en la zona suroeste. Sabemos que puede ocurrir un sismo de hasta magnitud 7. Entre 6.4 y 7 hay una diferencia significativa porque significa 20 veces más energía. Sabemos que en el sur hay más fallas, pero no tenemos los recursos para investigar estas fallas. Es como buscar una aguja en un pajar porque esas fallas están a muchos kilómetros de profundidad y hay que identificarlas y buscar su manifestación en la superficie”, indicó Von Hillebrandt.

Señaló la necesidad urgente de exigir que las nuevas construcciones sean resistentes a los terremotos que se esperan ocurran en el futuro y para lograr ese objetivo es necesario que el gobierno asigne los fondos para realizar las investigaciones de la falla entre Guayama y Añasco y luego incorporar los resultados al código de construcción.

“Los terremotos no matan, lo que mata son las estructuras que colapsan y por eso es necesario hacer estructuras resilentes a terremotos”, advirtió la funcionaria, quien también fue directora de Red Sísmica.

Indicó que otra falla que no ha sido investigada a profundidad es la conocida como Falla de Punta Montalva, ubicada en la región de Montalva en Guánica y que discurre desde Bahía Montalva, hasta Ensenada Las Pardas y luego dividiendo el Bosque Seco de Guánica.

Esta falla se considera como una posible ramificación de la Falla de Lajas, la cual sí fue investigada y los resultados fueron incorporados al código de construcción. Gran parte de los recientes sismos en el suroeste están relacionados con la Falla de Lajas y la Falla de Punta Montalva, según ha sostenido Víctor Huérfano, director de la Red Sísmica.

El doctor José A. Martínez Cruzado, profesor del Departamento de Ingeniería Civil, especializado en ingeniería estructural sísmica, en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, destacó que la importancia de investigar ambas fallas y sus ramificaciones consiste en que con los resultados de esa pesquisas científicas se puede determinar su peligrosidad sísmica y luego, modificar el código de construcción para que las futuras construcciones sean diseñadas tomando en consideración esos parámetros de peligrosidad.

Martínez Cruzado sostuvo que en la investigación se identifica la extensión de la falla y los diversos giros que toma, ya sea en la superficie o en la profundidad de la corteza terrestre.

También se determina la llamada razón de deslizamiento, que es la velocidad en que una placa tectónica se mueve en relación con otra, en la profundidad terrestre , y cuyo efecto en la superficie es precisamente una falla.

Además, es necesario determinar la aceleración, que comprende aquellos factores geológicos y de composición del terreno que facilitan el movimiento sísmico y afectan las estructuras.

Explicó que una de las características de las estructuras es la inercia, es decir, la resistencia de los cuerpos para cambiar su estado de reposo frente a una fuerza externa.

Martínez Cruzado indicó que para construir una estructura es necesario conocer la magnitud de velocidad que puede generar una falla, la distancia en que se encuentra la falla con respecto a la ubicación de la estructura y los factores de aceleración, tales como un suelo arenoso o atestados de rocas.

“Con estos factores sabemos que, si tenemos más aceleración debemos diseñar paredes más anchas, el tipo de acero de las varillas y el tipo de hormigón para lograr mayor resistencia en la estructura. Por eso es importante investigar las fallas y eso toma tiempo. Eso toma años. Pero si logramos tener un mapa de peligrosidad sísmica que incluya los resultados de la investigación de las fallas también se podrán incorporar el código de edificación esos resultados y las construcciones futuras serán más seguros, que es lo que queremos”, indicó Martínez Cruzado.

 

Falla impacta 40 pueblos

El ingeniero indicó que la falla que comienza en Guayama y se extiende hasta Añasco fue identificada en el 2012 por cuatro sismólogos que realizaron un estudio auspiciado por la Autoridad de Energía Eléctrica para que determinarán el nivel de peligrosidad sísmica que enfrentaban tres represas que pertenecen a esa corporación pública. Estas son la represa de Guayabal en Juana Díaz, la represa de Patillas en Patillas y la represa de Carite en Guayama.

“El 12 de diciembre del 2012 abrieron una trinchera entre el río Descalabrado y el río Cañas en Santa Isabel y se encontró la falla. Sobre volaron la región en avión para identificar su curso. Se hicieron análisis de carbono 14 y se determinó que en 10,000 años ha tenido dos terremotos que han roto la superficie. Se concluyó que la falla tiene una recurrencia de 4,000 años, es decir que cada 4,000 años puede ocurrir un terremoto. Usted dirá que si es 4,000 años no es problema…pero eso mismo le dijo de la Falla de Punta Montalva, y esa zona, y mira lo que pasó”, indicó Martínez Cruzado.

El ingeniero reiteró que la recurrencia de 4,000 años no se debe tomar un elemento para descartar la posibilidad de sismos en una falla y advirtió que existe el peligro real de que la actividad sísmica en la Falla Punta Montalva y la Falla de Lajas podrían activar la Falla que discurre entre Guayama y Añasco.

“Esas fallas estan muy cerca una de las otras, Y esa proximidad puede activar la Falla de Guayama”, dijo Martínez Cruzado.

El profesor agregó que en una ocasión se intentó hacer los estudios pertinentes para certificar otra falla ubicada en Cabo Rojo, que podría ser una ramificación de la Falla de Guayama, pero el predio identificado para hacer los estudios estaba en una finca privada y el dueño se opuso a que se efectuaran los estudios.

Reveló que, aunque incorporar los datos de las Fallas de Punta Montalva y de Guayama al código de construcción es importante, es imprescindible que estas fallas sean incluidas en el mapa de peligrosidad sísmica de Puerto Rico, debido  a que le permite a los ingenieros identificar la cercanía  de cada falla y la magnitud de su actividad sísmica para hacer una aplicación adecuada del código en la estructura que se propongan diseñar.

Martínez Cruzado indicó que, aunque los sismólogos e ingenieros estructurales han estado en los pasados años advirtiendo sobre la inminencia de un incremento de la actividad sísmica y en especial la posibilidad de que la isla enfrente un temblor de gran magnitud, han tenido poco éxito en llamar la atención del gobierno y de los líderes políticos.

Indicó que tras los sismos acontecidos en el suroeste  es de urgencia realizar investigaciones profundas sobre las fallas mencionadas y sus ramificaciones.

“Necesitamos profesores a tiempo completo que se dediquen a hacer estas investigaciones. Y para eso es necesario que se aprueben fondos. Yo francamente no sé cómo se podrá  hacer esto si a la Universidad de Puerto Rico  le van a quitar $500 millones. Hace tiempo que no se contratan nuevos profesores en la Universidad”, lamentó el catedrático.

Tras la interminable secuencia de sismos ocurridos en el suroeste a partir del pasado 28 de diciembre  y a causa de la destrucción que provocó el terremoto del 7 de enero, “tenemos muchos oídos abiertos a escucharnos y nos están escuchando. Pero la memoria es corta y me temo que cuando empiece el proceso de primarias, el asunto de terremotos pase a un tercer plano. Ojalá yo me equivoque. Pero seguiremos luchando. Tenemos la ayuda del Servicio Geológico de los Estados Unidos, pero es una ayuda. Necesitamos fondos para la investigación más a fondo” reiteró  Martínez Cruzado.

El profesor reconoció que construir estructuras resistentes a sismos requiere aumentar sustancialmente el presupuesto de construcción, pero advirtió que “es menos costoso que tener que demoler una casa para construir otra, como le pasará a mucha gente que perdió su vivienda en el terremoto del 7 de enero”.

Martínez Cruzado también señaló que mucha gente cae en la trampa de dudar sobre la posibilidad de que ocurra un terremoto debido a que estos fenómenos no acontecen con frecuencia  y “mucha gente apuesta a que no van a ocurrir y eso, sin duda, es un error como hemos visto en el suroeste”.