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Tambores de resistencia y orgullo en el Festival Nacional Afrocaribeño

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Ángel 'Papote' Alvarado frente al mural a la entrada del barrio La Cuarta, en Ponce. Foto: Alexander Colón

PONCE – El sonido de los barriles resonaba entre los cañaverales, cuando la caña de azúcar dominaba la economía y el ritmo de vida del Barrio La Cuarta. En la guardarraya de Ponce y Juana Díaz destaca esta comunidad, donde recuerdan con orgullo sus orígenes.

Entonces, en la amplitud de los campos, la vida giraba alrededor de la industria azucarera. Entre decenas de trabajadores -inicialmente esclavos africanos, luego jornaleros y más adelante trabajadores agrícolas- se laboraba de sol a sol bajo el ritmo de la bomba como medio de resistencia, lamento y conexión con sus raíces afrocaribeñas.

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José Rodríguez, nacido y criado en La Cuarta hace más de seis décadas, trabajó en esos extensos campos de caña.

“Todo esto alrededor era cañaveral. Llegué a sembrar y picar caña. Se trabajaba desde las 7 a.m. hasta las 2 a 3 p.m. Bajo el sol, las gotas de sudor le bajaban a uno. Y ganaba $2.95 la hora, lo recuerdo”, comentó Rodríguez, quien tras graduarse de la Escuela Vocacional de Ponce trabajó en la industria azucarera del 1978 al 1986, cuando continuó en una serie de trabajos hasta el actual en la planta manufacturera de Medtronic, en Villalba.

“Por aquí al lado de casa de mis papás pasaba el tren. Se paraba y tomaban agua y café que le daban mami y papi. Esos tiempos eran una chulería. Teníamos de todo. No pasábamos hambre”, recordó al relatar que su padre también trabajó en la economía azucarera, cortando caña.

Pero la criminalidad y la violencia alteraron las calles del barrio La Cuarta, como muchos otros espacios marginados del país. Lejos de resignarse, la comunidad se organizó para, poco a poco, ir transformando la imagen del barrio mediante el impulso y desarrollo de la educación, el deporte, la música y la memoria colectiva.

La iniciativa fue dirigida por el Comité Pro Nuestra Cultura, organización comunitaria y sin fines de lucro dedicada a la preservación, promoción y celebración de la herencia afrocaribeña y las tradiciones puertorriqueñas. ¿Su aportación más significativa? El Festival Nacional Afrocaribeño que este año celebra su edición número 27, aunque fue creado hace 28 primaveras.

“La Cuarta estaba desprestigiada y la cosa se ha aguantado. Desde que empezó el Festival Afrocaribeño no ha habido un incidente tan violento como antes (ocurrían). Esto se llena y viene mucha gente de fuera (de Puerto Rico). Han venido las mejores orquestas y se han hecho muchos homenajes, como a Tite Curet. Me siento bien orgulloso de ser de La Cuarta, nacido y criado aquí”, manifestó el hijo de Justino y Luz Selenia.

El Festival, la joya de la corona

El mismo sentido de pertenencia vive en Angel “Papote” Alvarado Aguilera, presidente del Comité Pro Nuestra Cultura, nacido y criado en la Calle E de La Cuarta, donde aún viven algunos de sus familiares. Junto a un grupo de amigos y vecinos igual de hambrientos por la música y la preservación de los orígenes de esta histórica comunidad, Papote lideró este esfuerzo que buscaba, sobre todo, crear un impacto social, comunitario y cultural en esta y futuras generaciones, con la música como protagonista, especialmente la bomba y plena.

Una vez incorporado el Comité, explicó, el grupo apostó a su niñez y juventud. Convencidos de que la transformación debía surgir desde la autogestión comunitaria, comenzaron a aportar su granito de arena mediante iniciativas educativas, actividades deportivas, eventos culturales y espacios de encuentro que fortalecieran el tejido social.

Poco a poco, la música, la educación y la exaltación de la herencia afrocaribeña que históricamente ha distinguido al barrio se convirtieron en herramientas de cambio, orgullo y empoderamiento colectivo. Torneos de sóftbol, la limpieza de calles, charlas educativas en las escuelas y talleres musicales son algunas de las acciones que han puesto en marcha.

“Cada uno aporta (desde sus talentos)”, dijo.

“Pero esto no pasa de un día para otro. Esa labor social cívica se hace todo el año”, agregó al resaltar que la joya de la corona es el Festival Nacional Afrocaribeño que este año celebran del 26 al 28 de junio, como siempre, en los terrenos del parque de pelota de La Cuarta.

Este evento, reconocido hoy día a través de toda la isla, anualmente atrae a personas de distintos pueblos, incluso de fuera del país. En sus inicios las agrupaciones musicales que participaban no eran de renombre, admitió Papote, pero con los años el evento ha crecido “como una bola de nieve” y con la fama adquirida y el empeño de sus organizadores ha reunido a “bandas musicales de primer orden”, como El Gran Combo, Tommy Olivencia y La Sonora Ponceña, entre muchos otros, siendo la salsa protagonista del evento.

El éxito del Festival, que anualmente reúne a miles de personas, junto a la obra que durante el año realiza el Comité en el barrio, ha ayudado a reivindicar la identidad y percepción que muchos tenían de esta comunidad, resaltó Alvarado Aguilera. Los éxitos de figuras destacadas del barrio también se han sumado a este esfuerzo, puntualizó al mencionar a algunos, como Ángel (Cuqui), José (Pepe) e Iván (Palito) Mangual, todos destacados deportistas. También señaló al doctor José Rivera Guilbe, entre varios otros.

Autogestión comunitaria

El sistema tiene que mirar acá, que algo (positivo) hemos hecho, algo que ha salido de nosotros mismos. Es una base de resistencia, es decirle al sistema “estamos aquí vivos” por nuestro propio esfuerzo. Sabemos de dónde venimos, estamos y vamos”, subrayó.

Mejorar la calidad de vida y fomentar un cambio social tanto en La Cuarta como en comunidades adyacentes llena al grupo de orgullo y alegría.
“Escuché del Comité y quería contribuir con la comunidad. Ser afrodescendiente está en el ADN, en las venas”, dijo Sonia Rodríguez, residente de la calle principal de La Cuarta y miembro del Comité Pro Nuestra Cultura hace dos décadas.

Rodeada de cañaverales, recordó, la comunidad se desarrolló por trabajadores de la caña. “Siempre hemos sido una comunidad de gente trabajadora. Hoy día hay muchos profesionales que salieron de aquí, maestros, enfermeros, policías, médicos, de todo”, dijo.

La autogestión comunitaria también se ha sentido en la ayuda a la comunidad tras emergencias, como los huracanes y los terremotos, sostuvo. Y aunque advirtió que el barrio ha progresado, comentó que la mayoría de sus residentes hoy día son adultos mayores, el mismo panorama que se observa en otros vecindarios del país.

Antes de caminar por algunas calles de La Cuarta, Papote entona una melodía del Grupo Esencia, donde destaca como su director, percusionista y cantante.

“Al terminar la zafra, el tren traía un pito peculiar, que parece que lloraba y le avisaba el triste final”, cantó al explicar que el estribillo recuerda que cuando se acababa la época de la caña muchos en el barrio se quedaban sin trabajo.

Un mural cerca de la calle principal del barrio resalta algunas de las personalidades más destacadas de La Cuarta. Inaugurado en julio de 2024, el mural fue creado por el artista ponceño Jean “Baco” Ortiz y dibuja las figuras antes mencionadas (los deportistas Mangual y el doctor Rivera Guilbe), además de Juan Pachot Santiago (jugador de sóftbol exaltado al Salón de la Fama), Rafael “Chago” Santiago Erans (atleta, abogado y político), Miguel “Jabao” Mangual (pelotero) y Papote (cantante y gestor cultural).

Mientras camina con orgullo por la comunidad, Papote resalta que el repertorio musical del Festival de este año cuenta con Milly Quezada, Moncho Rivera, Andrés Jiménez y Pirulo y La Tribu, además de su participación con el Grupo Esencia. También, Cao Vélez y los Guayacanes de San Antón, Tato Torres y Chivoloco, Kriptony Texeira y su Orquesta, William Cepeda y el Grupo Afroboricua y Kevin Gabriel y Ricardo Jesús.

Además, dijo, este año el evento se les dedica a tres personas: Idel Vázquez, José “Poto Vela” y el periodista Julio Rivera Saniel, quien agradeció el gesto, sobre todo el origen del evento, naciendo de la propia comunidad en rescate de las aportaciones afrodescendientes en la isla. Durante el evento también se recordará el centenario de Tite Curet, homenajeado previamente en este Festival.

“El plato está servido. La cultura primero”, concluyó Papote sobre este evento que, según aseguró, ha convertido a esta comunidad en uno de los principales referentes de las raíces afrocaribeñas en Puerto Rico.

Raíces afrocaribeñas

“Prepárate, Reparada, que la Fortuna te va a tumbar”, canta el verso de una bomba en alusión a la antigua Central Fortuna que ubicaba en el barrio La Cuarta. Esa frase, resalta Melania Maldonado Díaz, es un ejemplo de cómo la bomba se conectaba a la vida azucarera de los habitantes de esta comunidad.

“Fuego, fuego en Bucaná, se quema la hacienda en Bucaná”, es otro verso que hace alusión a otra importante hacienda azucarera de la época, también en Ponce, recordó la fundadora y presidenta del Puerto Rican Organization for the Performing Arts (PROPA).

“El tren del sur conectaba a diferentes cañaverales y centrales. Muchos de los cantantes de bomba vivían en las colonias para estar cerca del trabajo diario”, dijo Maldonado Díaz.

Julia Ernestina Clavell Villodas, recordó, fue una destacada bombera y bailadora.

“En diciembre hicimos un evento en Ponce visibilizando la hacienda más grande de Ponce, El Quemado. Esa hacienda está relacionada con dos reuniones (que se hicieron entonces) para formar una estrategia para rebelarse (los esclavos de la época)”, manifestó la historiadora e investigadora.

Otros proyectos que está trabajando PROPA también se relacionan a la historia afrocaribeña, informó. Entre estos, mencionó que en 1971 un grupo del Museo del Barrio de Nueva York documentó un baile de bomba típico en el extinto cafetín Tíbiri Tábara, que ubicaba en el sector Cuatro Calles, de Ponce.

Además, dijo, se documentó la llegada de un barco de África Central a Ponce -en 1818, durante la época de la esclavitud- que trajo ocho personas cautivas que fueron vendidas a un rico hacendado de la época llamado Pablo Bettini, quien entre otros negocios se dedicaba a la compra y venta de esclavos. Para visibilizar la historia afrocaribeña, PROPA estableció dos placas conmemorativas en Ponce para recordar ambos descubrimientos.

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