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Aprendamos de Chile a enfrentar terremotos

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Por Miguel Díaz Román

redaccion@esnoticiapr

 

Un artículo publicado por la empresa noticiosa BBC Mundo de Londres abordó el tema sobre la singular reacción de tranquilidad que los chilenos demuestran ante los terremotos, a pesar de que Chile padece una actividad sísmica continua y de que el país ha sufrido sismos de magnitude 8.2, que han causado grandes daños y muertes.

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Leí la historia de la periodista chilena Carolina Robino y me pareció importante que en estos momentos cuando el país y la zona suroeste en particular padece el azote de frecuentes sismos, los lectores de Es Noticia puedan conocer algunos secretos sobre cómo enfrentar un sismo. 

La mujer explica que sus compañeros periodistas de Londres le preguntaban por qué, tras los terremotos que sufrió Chile en 2014 y 2015, la gente no corría despavorida y cómo era posible que evacuaran a tal cantidad de personas en relativa calma.

En su artículo Rubino sostiene que los chilenos están acostumbrados a sentir la tierra temblar debido a la frecuencia de los terremos en ese país. En septiembre de 2015 Chile sufrió un terremoto de magnitud 8.2 en la escala de Richter, al que le siguieron numerosas réplicas.

El más grande del que se tiene registro fue de magnitud 9.6 y ocurrió en la ciudad de Valdivia en 1960.

Desde pequeños participamos regularmente en simulacros organizados en los colegios y aprendemos que mantener la calma y evacuar en orden es más seguro y eficaz. Eso hace que desde niños nos hagamos a la idea de que los temblores serán una constante en nuestras vidas. Es inevitable. Antes o después, el suelo se moverá bajo nuestros pies”, sostiene la periodista en su artículo.

Otro factor que contribuye a la actitud serena de los chilenos es que el gobierno ha establecido estrictos códigos de construcción antisísmicos para hacer más seguras las estructuras y evitar que colapsen.

“No es que uno no se asuste. Hay gente que les tiene pánico y sí huye descontrolada. O peor aún, se producen muertes por infarto. Pero la mayoría, aprendemos a ponerlos en perspectiva. Y a esperar”, revela Robino.

Según la periodista, si un sismo ocurre durante la noche y “uno está acostado, se toma un tiempo para sopesar si vale la pena salir de la cama. Al final, la mayoría de las veces no es necesario”.

Robino sostiene que los terremotos no siempre empiezan con grandes remezones. La intensidad puede ir aumentando en forma paulatina, desde un movimiento casi imperceptible a uno en que es imposible mantenerse en pie.

Agrega que los terremotos tienen distintas formas, pues en ocasiones sus movimientos son ondulantes, a veces el movimiento es vertical y en otras horizontal.

“Cuando un sismo te sorprende en la calle, lo más sensato es buscar el lugar donde haya menos postes, cables, construcciones que puedan caer sobre ti”, comenta Robino.

En el 2010 Chile sufrió un terremoto de magnitude 8.8, en el que murieron más de 500 personas, la mayoría en un tsunami que ocurrió tras el sismo.

“Cuando fui a Chile un poco después me impresionó cómo había golpeado la psiquis de la gente. No hablaban de otra cosa. Todos contaban dónde estaban cuando sucedió y cómo lo habían vivido”, recuerda la pderiodista.

Advirtió que ese terremoto aumentó la conciencia sobre la importancia de seguir las instrucciones de las autoridades, saber cuáles son las vías de evacuación y cerciorarse de que uno tiene a mano una linterna que funcione.

El terremoto también tuvo el efecto de derribar mitos.

“Si antes pensábamos que lo mejor para protegerse dentro de una casa era pararse debajo del marco de la puerta, ahora sabemos que es preferible arrodillarse al lado de la cama, en el lado donde puedan caer menos objetos. Y eso hacemos”, asegura Robino.

La periodista concluye su artículo indicando que “no corremos no sólo porque estamos acostumbrados, sino porque creemos que sabemos qué hacer o porque a veces el movimiento es tan fuerte que apenas podemos caminar y correr es literalmente imposible. Pero también porque algo muy primitivo, incluso atávico, se produce cuando la Tierra empieza a temblar y uno sabe que no hay adónde huir, porque el suelo por el que correríamos también se está moviendo. No hay escapatoria”.