COAMO – Pozos con agua de manantial, cisternas, sistemas de riego y la red de acueductos mantienen con vida el Potrero Los Llanos, finca dedicada a la reproducción y crianza de caballos pura sangre.
En sus 600 cuerdas de terreno viven unos 137 sementales, yeguas reproductoras y potros destinados a las pistas de grandes carreras hípicas.
Pero el estado de emergencia en que se encuentra Puerto Rico –por el déficit de precipitación y la disminución en los niveles de los principales embalses del país- supone un riesgo que crece aún más con las altas temperaturas y la amenaza constante de los incendios forestales que históricamente afectan la región sur del país.
“Ya uno de los dos lagos (artificiales) que tenemos (en la finca) se secó desde abril y el otro está por la mitad”, comentó Dennys Ramírez, encargado del manejo y supervisión del potrero, quien advirtió que ambos cuerpos de agua se alimentan de agua de lluvia.
La preocupación es constante, reconoció. El hermoso paisaje que rodea la finca visibiliza cómo el calor extremo ha secado el pasto. Sus reservas de heno se agotaron y ahora dependen de una finca cercana para conseguir alimento que también comienza a escasear. Con la experiencia acumulada tras décadas criando ganado, el personal ajusta diariamente las raciones para estirar cada paca sin comprometer la salud de los animales, mientras monitorean de cerca su condición física, especialmente ante la pronta fecha de la subasta que anualmente celebran.
“La última seca que recuerdo fue en el 2015, pero esta la estoy comparando con la del 1992”, comentó Ramírez, quien forma parte de los 21 empleados del Potrero Los Llanos, establecido hace 55 años y hoy día una de las principales haras del hipismo puertorriqueño desde donde han salido ejemplares tan reconocidos como Borrascoso y Tamborero, purasangres campeones del Clásico del Caribe en representación de Puerto Rico.
Durante un recorrido por los predios, explicó cómo el sur de Puerto Rico está acostumbrado a periodos de escasas lluvias y al riesgo de incendios forestales. Sin embargo, la intensidad del calor y la incertidumbre sobre cuándo volverán las lluvias convierten este episodio en uno distinto. La experiencia les ha enseñado a improvisar.
“Hay que mantenerles agua suficiente, meterlos en los establos (para que se refresquen) y estar pendientes a su respiración (y salud)”, dijo.
Según explicó, allí manejan unas 95 pacas diarias de heno “para no dejar que rebajen los animales”. Además, 900 sacos de alimento cada dos semanas.
En el extenso potrero la mayoría está en libre pastoreo, con algunos grupos separados, como yeguas preñadas y otras recién llegadas a la finca. También hay sementales en cuadras y otros en jaulas de alquiler y cuido.
“Una potranca de cuatro años come 12 libras de alimento al día”, dijo.
Dentro de los retos que les preocupa, Ramírez señaló que, aunque hace cinco años no han experimentado un incendio forestal en sus predios, la amenaza es constante y la han visibilizado recientemente con fuegos cercanos. Además, reconoció que el heno es escaso, tanto que en la fincha cercana donde están consiguiéndolo estiman que se acabará en aproximadamente un mes.
“Ahora mismo no se consigue heno ni en Lajas”, deploró.
Por su parte, Eduardo Maldonado, administrador a cargo de la crianza y cruces de caballos purasangre, advirtió que, por la pericia de los años se han preparado “lo mejor posible” para mantener su operación normal en el potrero. Resaltó que la norma es que aproximadamente mes y medio después de las usuales lluvias de noviembre comience a crecer la grama para el pastoreo y producción de heno.
Explicó que, por la situación particular de este año –con la sequía y el calor extremo- están pendientes al curso que tome este año. Anunció que la subasta de este año la harán el 7 de octubre.
El campo busca resistir
A pocos minutos de allí, en el sector Gabia, de Santa Isabel, otra familia intenta sortear los mismos desafíos desde una finca donde cultivan plátanos y crían pollos parrilleros para la producción de carne.
Según explican, el calor ha acelerado la maduración de los racimos, algunos doblándose y cayendo antes de tiempo, provocando dificultades en sus ventas y pérdidas económicas. En parte de sus frutos también asoman cambios en su color y calidad.
La operación se sostiene gracias a un mecanismo de irrigación y a pozos construidos durante años de trabajo, pero aun con esa infraestructura, la preocupación aumenta conforme se prolonga la sequía.
“Tenemos sistema de riego, pero no cubre la necesidad (completa)”, reconoció Rody Rosaly Santiago, dueño de Jairo’s Farms, empresa agrícola y avícola familiar.
El negocio que junto a su esposa Jailene Rodríguez Ortiz comenzó en el 2016 cuenta con pozos y cisternas que ayudan en medio de la sequía. Además, los ranchos para la crianza de pollos tienen insolación, lo que ayuda a bajar un poco las altas temperaturas y mitigar el calor.
“Hace años no teníamos una sequía tan extensa”, lamentó Rosaly Santiago.
Ante esta situación, dijo, controlan el riego para que sea de menos horas y para que no se seque alguno de sus pozos pues, entre otros dilemas, su reparación resulta costosa.
“Riego por el día y apago por la noche para que los acuíferos suban (el nivel) y no se sequen los pozos, porque arreglar las bombas sale caro”, dijo al resaltar que desde el Huracán María no experimentaban un calor tan extremo.
Entre otros retos que han enfrentado con la sequía, mencionó que les ha aumentado el costo de la luz y de los abonos. Aun así, comentó que esperan adquirir próximamente más cuerdas de terreno para el sembradío de plátanos, así como para construir otro rancho para aumentar su producción de pollos parrilleros de 35,000 a 52,000.
“Hay que seguir adelante. Con o sin seca, no nos quitamos. Seguimos en pie de lucha, no nos rendimos”, sostuvo al mencionar que también mantienen un quiosco a la entrada de su finca con sus productos y los de otros agricultores del área, para la venta al mayor y al detal.
Sin lluvia escasea el pasto
La escasez también alcanzó al heno, un insumo indispensable para cientos de ganaderos del país. Un productor del suroeste aseguró que tuvo que dejar de aceptar clientes nuevos ya que no cuenta con inventario suficiente para atender la alta demanda.
Explicó que el precio del producto ha aumentado debido a la limitada producción y a la creciente necesidad de alimento para el ganado, mientras las altas temperaturas continúan secando los pastizales. Su mayor inquietud es que las proyecciones apuntan a que este patrón seco podría extenderse por varios años más.
Iván Cordero Nieves, presidente de la Asociación de Productores de Forraje de Puerto Rico, explicó que, en la zona sur y este del país, entre Mayagüez y Humacao, aproximadamente el 60% del terreno es para ganado de carne y el restante 40% son fincas de producción de heno y forraje para suplir el mercado del país.
Solo en Lajas, dijo, una significativa cantidad de cuerdas de heno y forraje han tenido pérdidas por la sequía.
“Esos predios tardan seis meses en tener follaje, en volver a ser útil y volver a cortarse”, dijo.
Cuando se incendian y secan, explicó, se mata y esteriliza el terreno, perdiendo microorganismos y fertilidad, afectando además el forraje para los animales.
“¿Cómo la sequía afecta? Hay fincas que no tienen sistemas de riego ni nada, que solo dependen de la época de lluvia. Y según la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) la sequía puede extenderse de 24 a 36 meses más. Esto es bien preocupante. Quizás a finales de diciembre o para febrero tengamos un poquito de verdor, pero no el suficiente para tener una relación económica”, dijo.
Por falta de pasto, sostuvo, productores de carne se han dado cuenta que no pueden sostener animales en sus fincas, por lo cual los están vendiendo en masa, a precios de descuento ya que no pueden mantenerlos.
“Nunca había pasado algo tan intenso”, indicó.
Recordó que para finales de 1997 y el verano de 1998 hubo una sequía provocada por el fenómeno de El Niño que generó un racionamiento masivo y aceleró el desarrollo del Súper Tubo o Superacueducto del Norte. También mencionó otras sequías en el 2004-2005 y en el 2015.
“El heno está bien escaso. Lo que se está consiguiendo es heno de muy baja calidad, pastos mezclados, viejos, tipo basura, cuando limpian una finca y lo venden a precios ridículamente caros. El heno de primera está bien, bien escaso”, expresó.
Su finca en el Valle del río Guanajibo, en Hormigueros, cuenta con un sistema de riego y no se ha afectado todavía.
“Tengo mis clientes. Suplo a vaquerías, potreros y producción de pequeños rumiantes, como ovejas y cabros. En mi zona soy el único en producción, pero me he visto en las de decirle que no a la gente, especialmente a los (clientes) nuevos”, dijo.
Toda esta situación, dijo, también ha aumentado los precios. Una paca de heno oscila entre $7 y $9, dijo. Pero por el alza de costos, como del consumo de diésel, ha subido a unos $10 a $15. Mientras, un rollo de heno mezclado puede rondar entre $40 y $55, pero en los próximos tres a seis meses, si continúa la sequía, podría ascender a $75 a $95.
“El Valle de Lajas, que se suple del Lago Lucchetti, en Yauco, ya está entrando en niveles de Observación. Ya comenzar a racionar (el agua potable)”, dijo.
Toda la producción de ganado, agrícola, de frutos, farináceos y semilleros se afecta cuando se raciona el agua, sostuvo. Recordó que este año se juntó la sequía con los incendios forestales, aunque advirtió que la mayoría de estos incendios (aproximadamente el 90%) han sido ocasionados en fincas donde el pasto está próximo a ser cosechado. Los que suceden de forma espontánea, dijo, son producto del calor y una baja humedad.
El agricultor advirtió que se está buscando ayuda federal para que la industria agrícola se prepare mejor ante el fuerte evento de sequía que atraviesa Puerto Rico. Con incentivos adquiridos, dijo, los agricultores pueden establecer pozos profundos o sistemas de riesgo, si no tienen.











































