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Crónica de un refugio para afectados por el terremoto

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Por Sandra Caquías Cruz

redaccion@esnoticiapr.com

 

PEÑUELAS – “Señora usted trae los catres”, preguntó un niño de algunos 12 años en la pista atlética de este municipio lugar en el que, desde el pasado 7 de enero, refugian cientos de peñolanos afectados por un terremoto y sobre un millar de réplicas.

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Junto al niño, caminamos hasta un personal que laboraba en el refugio para preguntarle por los catres y contestó que no todos los refugiados tenían catres y que el gobierno central le prometió unos que no habían llegado.

El alcalde Gregory Gonsález Souchet se encontraba en el refugio y no pudo contener su inconformidad por la demora gubernamental de entregarle los catres prometidos. Indicó que esperaba que esa noche le entregaran catres para que los 268 refugiados pudieran dormir en uno y no en el suelo.

Gonsález Souchet también dormía en el refugio. Esa noche había terminado una entrevista televisiva y no dudó en denunciar su molestia por el rezago en la ayuda.

Refugio habilitado en Peñuelas. Fotos: Tony Zayas

A pocos pasos del alcalde, entrada la noche, comenzaban a repartir la comida que recién llegaba al refugio. El Alcalde también denunció la demora en la entrega de los alimentos al refugio. “No siempre llegan a la hora que corresponde. Son las ocho de la noche, y prácticamente a esta hora es que están llegando los alimentos”, indicó.

Dijo que le entregaron $2 millones para ayuda, pero del actual presupuesto perdió $3 millones en recaudos porque la empresa Costa Sur salió de servicio.

La mayoría de los refugiados estaban bajo una docena de carpas en la que buscarían conciliar el sueño y descansar los estresantes días que se viven en el sur del país desde que ocurrió el terremoto. Son carpas oscuras con catres y bolsos en donde los refugiados cargan sus pertenencias.

Las luces alumbran los alrededores del parque donde -esa noche- jóvenes y niños se entretenían jugando. Había una casa de brinco para los más pequeñines, mientras un grupo de jovencitos jugaba en la cancha de baloncesto.

Dormir entre gente que apenas están conociendo no parecía incomodar. Se respiraba un poco de resignación.

“En Peñuelas se vive un periodo de tensión, de incertidumbre, ya que no para de temblar siente miedo”, expresó el alcalde. “Le tenemos miedo a estar dentro de las residencias”, dijo.

Explicó que muchos empleados municipales han solicitado licencia sin sueldo para poder salir del país. “Están en proceso de irse”, indicó. “Me preocupa muchísimo la salud mental de los peñolanos. Hemos tenido múltiples casos de personas que, de sentir un temblor, salen con un ataque de histeria”, dijo.

Los refugiados reiteraban una y otra vez que esperaban no sentir más temblores. Algunos hacían sus narraciones de aquel sismo de 6.4 que los sacó de la cama y estremeció su hogar el pasado 7 de enero. Nadie lamentaba sus pérdidas materiales.

Mientras, a un extremo del parque, un grupo de refugiados hacia fila a la espera de un pedazo de pizza con refresco que regalaba un grupo de voluntarios que llegó de Comerio y Barranquitas a obsequiar alimentos. Minutos después, prendieron una estufa y comenzaron a cocinar una paella.

Algunos refugiados cargan con sus mascotas al refugio.

Más cerca de las carpas, estaba Alberto de Jesús, residente en Coamo y voluntario que por segunda noche consecutiva llegaba al refugio a regalar su tiempo y conocimiento de barbero. Tenía una lista de nombres de personas que deseaban que los recortaran. Contó que la tarde y noche del domingo recortó 28 personas. Esa noche iba por el mismo camino. Hasta que se acabe la batería, dijo sobre el tiempo que dedicaría a los refugiados.

El refugio tiene un área médica donde especialista en la salud, ninguno de ellos médico, atendían a las personas. En los casos de pacientes que necesitara un cuidado mayor sería referido a un hospital.

El alcalde reconoció que no tenía psicólogo o especialista en salud mental que trabajara las 24 horas e incluso señaló la crisis nerviosa que sufrió uno de los refugiados tras volver a sentir un sismo.

“Honestamente, no tenemos personal para que atienda una crisis emocional o psicológica a media noche”, dijo. “Tenemos envejecientes, tenemos niños que han caído en crisis”, abundó.

La Sala de Urgencias de Peñuelas solo abre durante el día. En medio de esta emergencia, el Departamento de Salud procedió a entregarle un permiso -que habían solicitado hace tiempo- que era un requisito para poder abrir las 24 horas, explicó el Alcalde.

Mientras, jovencitos vestidos de soldado controlaban el entrada y salida al refugio. En varios autos estacionados en los alrededores de la pista había almohadas y otras pertenencias. Los encargados del refugio explicaron que en las noches hay personas que llegan al lugar, pero se quedan a dormir en sus autos y luego se marchan.

Dos horas después, salimos del refugio. El niño volvió a preguntar: “donde puedo conseguir un catre”.

Esta vez, una funcionaria del refugio nos dijo que los repartirían más tarde. Mientras, daba instrucciones a los refugiados de que se fueran a registrar con ella, que le podrían una pulserita para identificarlos. La joven aseguró que esa noche entregaría los catres.

 

Repartición de alimentos a los refugiados. (Fotos: Tony Zayas)